Como el primer destino había sido una vacante, este curso me tocó pedir. Fuimos a parar a Manilva, casi el último pueblo del mapa. Se nos pasó el año en instalarnos en una casa que nos cedieron, que había estado habitada por... ¡cabras!

 

Éste es el hijo de Teresa, una maestra malagueña con la que hicimos amistad. Este año apenas hice fotos. Las imágenes que siguen han salido de un par de rollos de súper 8.

 

La casa. Cada vez que llovía, el agua entraba por detrás (un barranquillo que llamábamos "el huerto") y salía por la puerta. La humedad lo impregnaba todo...

 

 

 

Pasaba las horas entretenido con mi afición a la electrónica

 

La entrada del colegio. Solo recuerdo un par de anécdotas de aquel año.

 

Como era el más joven, me tocó ser secretario

 

 

La película del año, aunque con muy poca calidad

 

Para ir de Córdoba a Manilva, cogíamos el ferrobús hasta Málaga; una vez allí subíamos a un "Portillo" que nos dejaba en Estepona. Allí teníamos que tomar un taxi hasta nuestra casa, que costaba por aquel entonces 500 pesetas. Un periplo de más de cinco horas. A mediados de curso, compramos este "dos caballos" de novena mano, batería de 6 voltios y muy pocas luces, y desde entonces nos movimos con mayor soltura. De todo lo que pasó aquel año, lo mejor fue el verano a un paso de la playa.