Antes de llegar nos detenemos en una venta, Bagdad Cafe

 

 

 

Los últimos franceses dejaron la colonia en 1946, este buzón ya estaría en uso...

 

Hacía muchos años que no veía latas de conserva reutilizadas como macetas

 

 

 

 

 

 

 

A unos metros, junto a unas jaimas, dos señoras tienden la colada...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cerca de Palmira hacemos una breve parada. En la encrucijada, camioneros que llevan suministros al vecino Irak o vuelven de vacío, se cuentan novedades o incidencias...

 

Con esta foto en pleno desierto deseé felices fiestas a mis amistades. Los Reyes Magos no debían andar lejos...

 

 

 

Llegando al oasis

 

 

 

Palmira fue una antigua ciudad situada en el desierto de Siria, en la actual provincia de Hims a 3 km de la moderna ciudad de Tadmor. La palabra aramea "palmira", significa "ciudad de los árboles de dátil". En la actualidad sólo persisten sus amplias ruinas que son foco de una abundante actividad turística internacional. La antigua Palmira fue la capital del reino nabateo bajo el efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 266 - 272.

 

 

 

En la vecindad del oasis de Afqa se produjeron los primeros asentamientos de los que se conoce su existencia en los archivos de Mari. En la Biblia se menciona con los nombres de Tadmor y Tamar. Durante el predominio de los selyúcidas en Siria, Palmira consiguió su independencia.

 

 

 

La principal atracción de Palmira son las ruinas, entre las que se destaca el templo de Bel. Edificado en el año 32 después de Cristo, fue consagrado al culto de Bel, derivación del término babilónico Baal, que significa amo. Era el dios supremo de los habitantes de la ciudad, el dios de los dioses. En el templo, que fue transformado en iglesia en el siglo IV, se hacían sacrificios de animales.

 

 

 

Los agujeros que se observan corresponden a unas cuñas de plomo con función antisísmica que fueron posteriormente saqueadas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los otomanos usaron este templo como fortaleza, y no dudaron en reutilizar los fragmentos de columna como sillares de sus torreones.

 

 

 

Las canalizaciones de agua eran de lo más sofisticado...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de las pocas cuñas antiterremoto que han quedado en su sitio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Columnas pareadas, que dan un plano de corazón

 

 

 

 

 

Saliendo de la ciudad, adentrándose un kilómetro en las montañas, hay un sitio de paisaje inquietante y desolador, con construcciones como torres cuadradas y macizas. Es el valle de las tumbas. Hay tres tipos de tumbas y fueron construidas en los tres primeros siglos de esta era. Algunas de estas construcciones podían llegar a albergar hasta 500 cuerpos.

 

 

 

La torre de Elahbel tiene 4 pisos altos y muy bien conservados. Originalmente, dentro de esta torre, varios centenares de ataúdes habrían sido dispuestos, tapando cada nicho con un retrato en piedra. Casi todos se han trasladado al museo nacional, en Damasco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tumba subterránea más importante es la llamada de los "tres hermanos", que cuenta unos 400 nichos funerarios y cuyas paredes están recubiertas de frescos admirables.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El oasis

 

Regresando a la ciudad después de almorzar, por un camino lleno de baches, vi por una de las ventanillas traseras del autobús que se ponía el sol. Sin pensarlo dos veces disparé.

 

Tadmor es un pueblo sin grandes atractivos; dimos un corto paseo...

 

La mezquita llamaba a la oración

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al anochecer, las ruinas tienen una plástica impresionante

 

 

 

 

 

 

 

 

Al día siguiente...

A pocos metros del templo comienza una gran columnata de 1200 m que era el eje de la vieja ciudad, que llegó a tener cerca de 200.000 habitantes (número enorme para una ciudad de aquella época). Entre las columnas, por la amplia calle, transitaban los animales, y debajo de las columnas había veredas para el tránsito de las personas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los lados de la extensa columnata hay una serie de ruinas en mayor o menor grado de conservación: el templo de Nebo, deidad babilónica; el templo funerario; el campamento de Diocleciano, que antes había sido el palacio de la reina Zenobia; el teatro y, entre otros, el ágora, donde se realizaban operaciones comerciales y se discutía. Un poco alejado de la columnata hay un hermoso templo cuya función no se conoce con exactitud, pero el edificio se conserva muy bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las columnas desgastadas por la erosión del viento del desierto

 

Fotomontaje panorámico del teatro

 

 

 

 

 

Aquella mañana corría un airecillo bastante fresco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La bandera se Siria ondea junto a la del Cham Palace.

 

Este hotel fue el famoso Zenobia, construido en 1924 por el arquitecto español residente en Damasco Fernando de Aranda. Marga D'Andurain, la protagonista de Cautiva en Arabia de Cristina Morató (libro que regaló a Pilar por su cumpleaños nuestra compañera de viaje Asun Sánchez Fauquier) compró este hotel en 1930, transformándolo en un agradable alojamiento. Hoy, restaurado, pertenece a la superlujosa cadena Cham.

 

Otra foto de aquella época. Y abajo la réplica tomada por mí.