Digitalización

Digitalizando...

A lo largo de los años vamos atesorando en mayor o menor medida registros de imagen y sonido (fotos, películas, cintas o discos). El tiempo que nos ha tocado vivir estimula el consumismo y el acaparamiento, pero no el reciclaje. Esta situación nos convierte lenta e inexorablemente en pequeños Diógenes. Entonces, ¿qué pasará con todo este material cuando ya no estemos? ¿alguien pondrá en valor nuestro trabajo creativo o terminará todo en un basurero? ¿Por qué no irnos currando ya nuestro legado digital?

Para ir solucionando esta papeleta, y sobre todo para disfrutar del material acumulado —ahora que tengo más tiempo— voy a digitalizarlo, reubicarlo y reciclarlo . El proceso ha sido muy entretenido. Por si a alguien le interesa, lo explicaré paso a paso, para cada uno de los soportes.

 

Digitalización de archivos de audio

Hace años que tenía capturados los audios de mis vinilos y casetes, de hecho solo conservo como recuerdo un single de 45 RPM, una cassette y varios cedés que “indulté”. Los demás los regalé o doné a Madre Coraje. Los archivos FLAC y MP3 ahora están en un servidor NAS y así los escucho más que antes. Todos los DVD de datos pasaron su información a discos duros, fueron triturados y acabaron en el punto limpio.

 

Vídeo

De casi todas las grabaciones que había hecho en los 90 conservaba copias y algunas cintas originales. Pero no tenía como reproducirlas. Cámaras y magnetoscopios dejaron de funcionar hace años, por lo que tuve que comprar en Ebay un viejo Betamax y una cámara Digital8 (ya descatalogada). Hice las capturas con un PC clónico y una tarjeta Pinnacle que incluía el programa Studio 9 (después compré el 12 y ahora el 24). Las cintas fueron destruidas y recicladas y algunos de los MP4 se pueden descargar desde YouTube o Mega en la página de telepuebla.

 

 

Diapositivas

De mis primeros tiempos conservaba unas 5000 diapositivas. Empecé a digitalizarlas con el escáner Minolta que tenía hace 15 años, hasta que petó. Acabé el trabajo con un Reflecta RPS 10M que me prestaron, con el que obtenía archivos TIF de 4000 px. Todas las diapos, separadas de marquitos y fundas acabaron trituradas en el punto limpio.

 

Si tienes curiosidad por saber como picamos las diapositivas, aquí tienes una pista 😂

 

Fotografías y negativos

Tenía una cantidad enorme de fotografías, unas organizadas en álbumes y otras en cajas y cajones; la mayoría habían empezado a perder el color. Los álbumes amarilleaban, en especial los de hojas adhesivas de los 80. No tenía sentido conservar ese desorden de imágenes, ni esas cajas de negativos, un soporte cada vez más obsoleto. Me puse manos a la obra con la digitalización.

El primer paso fue organizar los negativos. Los anteriores a 1976 estaban sin fechar y bastante mezclados, por lo que tuve que hacer un trabajo de “arqueología”, cotejando las tiras para recomponer las secuencias, y no digo”carretes” porque en aquellos años compraba la película en latas de 30´5 m. Después tuve que datarlos buscando referencias. Afortunadamente, los posteriores al 76 estaban bien archivados y fechados (unos 2.300 rollos). En la selección hice varios grupos:

  • Carretes familiares. Una vez procesados fueron destruidos y las fotos están disponibles en una intranet privada.
  • Carretes de los colegios y pueblos por los que he pasado. Fueron reciclados y están disponibles en https://joaconde.net/maestro/
  • Carretes de mi etapa de fotógrafo profesional. Están esperando un nuevo repaso antes de su destrucción.
  • Carretes de viajes. Poco a poco los voy publicando en https://joaconde.net/viajes/

 

Primeras pruebas de digitalización

El escáner de Reflecta, que tan bien se portó con las diapositivas, se atragantaba con las tiras de negativos (sobre todo las de blanco y negro) por lo que lo devolví. No había en el mercado ningún aparato que me sirviera, así que me puse a experimentar… Un amigo me dijo hace tiempo que probara a hacerles fotos en una caja de luz. Lo hice y funcionaba. Al principio fue con un Fujinon 60mm 2.4 Macro, pero me sacaba el fotograma con mucho margen, y había que recortar. Hice la página de nuestro viaje a China en el 97 y fue pesadísimo. Probé entonces con unos anillos de extensión 16+11 y ya sacaba solo el fotograma, pero ahora me desenfocaba en los bordes 😟

 

 

La solución definitiva

Al final, opté por comprar de segunda mano un objetivo Fujinon XF80 mm que es macro 1:1, y ha sido la solución. He utilizado una tabla plastificada para soportar la caja de luz (parcialmente tapada) y desplazar/apoyar el conjunto cámara-objetivo. Para nivelar la Fujifilm X T2 le puse una pieza de rótula de trípode, y para conseguir la altura perfecta, una cajita de tarjeta SD sujeta con dos bridas.

 

Y así he fotografiado con esta lente cada negativo (exposiciones de 1 a 3 segundos a f/22) y después he procesado con varias acciones de Adobe Photoshop. De cada archivo procesado he dejado una copia de 6000 px en mi nube y otra de 1800 para la galería de WordPress. (Lo último subido: India y Nepal)

 

Además, cada etapa que iba digitalizando se completaba con la reproducción del álbum (si es que lo había) y la destrucción y reciclaje de todas las fotos en papel.

 

Combiné las fotos de las páginas en un archivo PDF que se puede visionar con cualquier plugin; yo uso FlowPaper.

 

Finalmente destruí los negativos y los llevé a un punto limpio.

 

 

Si te queda alguna duda o tienes alguna pregunta, puedes dejar un comentario

Ikigai

Filomena

Hoy voy a empezar algo parecido a un blog con esta entrada que se llama Ikigai. Hace días que lo estoy pensando… No es que me sobre tiempo; en el día a día de un jubilado los minutos corren de otra manera, pero corren. Tampoco voy a lanzarme como un moderno influencer; a mis años ya he influído bastante en los alumnos que he tenido y los compis que me han soportado. Este experimento no debería ser un panfleto de autoayuda, aunque a mí me va a ayudar en varios sentidos:

        • Escribir y decir algo —con corrección— es una buena práctica.
        • Publicar es salir de la zona de confort y eso siempre me parece positivo.
        • Difundir mi experiencia (que a mí me ha funcionado) puede que le sirva a alguien.

El primer joablog funcionó hace más de diez años, enfocado a canalizar comentarios de mi página de fotos. Después  se desactivó y me he centrado en ordenar y publicar mi infinito archivo fotográfico. De las páginas de Dreamweaver pasé a las de WordPress y en este formato hay que correr mucho para no quedarse atrás.

Hace unos días empecé a diseñar esta entrada en un blog que di de alta hace años wordpress.com (reconozco que estoy registrado en muchísimos sitios del mundo virtual, aunque en casi ninguno ejerzo ni aparezco). Pero desde que me puse a escribir me han agobiado con correos y publicidad, quieren que pase por caja, para después crujiros a vosotros lectores con más publicidad. Y por ahí nunca he pasado. Lo barato siempre sale caro. Así que me he traído el blog a mi servidor, por el que pago una miseria, pero no nos acosa. Las cookies es que son un fastidio: se te meten en el navegador y a la primera de cambio te ofrecen todo aquello que buscaste una vez en internet. Una y mil veces. Es la “gota malaya” que hace que compres o apagues tu dispositivo.

Me sale un aviso de que llevo 330 palabras y todavía no he dicho nada 😂. Si yo estaba aquí para hablaros de Filomena y del ikigai, y todavía ni palabra. Allá voy.

Esta mañana ha sido genial. Después del paso del temporal Filomena he vuelto a mi marcha deportiva. No he dicho que desde hace dos años me despierto —sin despertador— entre las 6 y las 7. Nunca ántes me había pasado; siempre necesité uno o dos relojes, más algún zamarreo de Pilar. Así que ahora aprovecho, todavía de noche, para salir y hacer mis 7 kilómetros diarios. Al principio fue en el “colacao”, pero ahora es en las rectas de la Quirón. Una hora, excepto cuando llueve, o hace mucho frío. Por ese motivo este año le hemos pedido a los Reyes Magos —vía Wallapop— una bici estática, con la que suplir en casa el trote por pedaleo; y a la susodicha le hemos puesto por nombre “Filomena”. Pero esta mañana teníamos 14º y no llovía, por eso digo que ha sido genial, en enero y trotando en camiseta.

Quinientas palabras… debo hablar ya del ikigai. Lo descubrí accidentalmente en una biblioteca. Pero era mi compañero hacía muchos años, sin saberlo. Ikigai es el estilo de vivir que se implementa en Japón, basado en unos pilares muy sencillos: humildad, renuncia del ego, sostenibilidad, el placer de los detalles y la consciencia del presente. Después de devorar el libro, fui consciente de que yo tenía mi ikigai, y cada cual debe tener el suyo y hacer con él lo que le venga en gana; a fin de cuentas se trata de disfrutar y vivir más y mejor. Por cierto, la biblioteca que he citado está siempre abierta y si quieres echarle un vistazo al libro, está aquí: Ikigai esencial : la sabiduría milenaria japonesa que dará sentido a cada día de tu vida.

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