Cuenca

 

 

Antes de llegar a Cuenca, dimos un pequeño rodeo para visitar Segóbriga. Esta pequeña ciudad en el centro de la península, tuvo una importancia enorme durante el Imperio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de visitar el Parque Arqueológico y su pequeño museo, en Saelices hicimos una parada en "Las Termas de Segóbriga", un agradable restaurante en el que tomamos contacto con la gastronomía del lugar: sopa castellana y morteruelo.

 

 

 

 

 

Cuenca es Patrimonio de la Humanidad, y mucho más. El casco antiguo se encuentra encaramado en un cerro, pero un pequeño autobús nos sube hasta el castillo, lo más alto de la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El museo de Cuenca es pequeño, pero con un enfoque didáctico muy interesante. Son destacables sus objetos celtibéricos y naturalmente los romanos encontrados en Segóbriga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las conocidas casas colgadas se encuentra este singular museo. En él están representadas casi todas las vanguardias españolas del S. XX. En mi modesta opinión, algunas piezas debían estar guardadas en los sótanos.

Eduardo Chillida. Abesti Gogora IV (1959-1964)

 

Eduardo Chillida. Litografía sobre madera (1980)

 

Manuel Millares. Cuadro número 8 (1957)

 

Manuel Miralles. Cuadro nº 2 (1957)

 

Lucio Muñoz. Estructura en verde y negro (1961)

 

Detalle de la anterior

 

Pablo Palazuelo. Omphalo V (1965)

 

Rafael Canogar. Toledo (1965)

 


Manuel H. Mompó. Semana Santa en Cuenca, 1964

 

Martín Chirino. El viento (1966)

 

Manuel H. Mompó. Maternidad (1962)

 

Fernando Zóbel. Jardín seco (1969)

 

(Centro) Luis Feito. Número 148 (1959)

 

Guillermo Delgado. Cuadro gris (1969)

 

Manuel Rivera. Espejo del duende (1963)

 

Fernando Zóbel. Ornitóptero (1962)

 

Gustavo Torner. Mundo interior (1972)

 

Manuel Millares. Sarcófago para Felipe II (1963)

 

Pablo Serrano. Bóveda para el hombre (1962)

 

Antonio Saura. Brigitte Bardot (1959)

 

Eusebio Sempere. Sin título (1962) y Paisaje de junio (1965)

 

Eusebio Sempere. Paisaje lluvioso (1965) y Campo de mimbre (1965)

 

La segunda planta del Museo

 

Joaquín Camín. Mesa y cama de Carlos IV (1986)

 

Luis Feito. Número 460-A (1963)

 

Fernando Zóbel. Pequeña primavera para Claudio (1966)

Manuel Rivera. Espejo del sol (1966)

 

José Guerrero. Intervalos azules (1971)

Antonio Saura. Retrato imaginario de Felipe II (1967)

 

Manuel Millares. Cuadro (Homúnculo) (1964)

 

Antoni Tàpies. Plateau et graviere (1972)

 

Antonio Saura. Sudario XII (1959)

 

Antoni Tàpies. Creu i ratlla (1974)

Detalle de la cruz y la raya.

 

Antoni Tàpies. Dos placas de cartón simétricas (1960)

 

Detalle de la anterior

 

Antoni Tàpies. Arco blanco (1961)

 

José Guerrero. Barrera con rojo y ocre (1968)

 

Antonio Saura. Cocktail Party (1960)

 

Manuel Millares. Antropofauna (1971)

 

Manuel Millares. Galería de la mina (1965)

 

Fernando Zóbel. El rio IV (1976)

 

Pablo Serrano. Bóveda (1966)

 

Luis Feito. Número 1.077 (1974)

 

 

Fernando Zóbel. El Júcar X (La piedra del caballo) (1971)

 

Gerardo Rueda. Guadalquivir (1975)

 

Joan Hernández Pijoan. Horizontals (1978)

 

Antoni Tàpies. Blau i toronja (1975)

 

Fernando Zóbel. Las caldas XII, Estudio de color en primavera (1974)

 

Manuel H. Mompó. Calle en fiesta (1977)

 

Fernando Zóbel. Sin título (composición de 20 obras)

 

Gerardo Rueda. Madera gris con amarillo, blanco y negro (1965)

 

Gerardo Rueda. Verdes del bosque de la Alhambra (1988)

 

Fernando Zóbel. Hocinos - Otoño VI (1983), Palacio de cristal III (1983) y Atocha nocturno (1983)

 

Pablo Palazuelo. Proyecto para un monumento II (1977)

 

Gerardo Rueda. Conferencia (1976)

 

Sin lugar a dudas, lo que nos hizo venir a Cuenca en estas fechas fue una exposición temporal. Después de ver docenas de creaciones de Roy Lichtenstein por todo el mundo, era la primera vez que contemplaba sus dibujos y el desarrollo de sus láminas. Una gozada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuenca de noche. Paseamos por ella hasta que el frío y el cansancio nos dejaron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tarde anterior, la Catedral había cerrado sus puertas muy temprano, así que por la mañana subimos de nuevo a la Plaza Mayor. Sólo entré unos minutos, y pude hacer algunas fotos. Las vidrieras en unos tintes melocotón poco usuales (Rueda, Torner, Bonifacio, 1991) permitían unas tonalidades muy cálidas. Me pareció un gótico muy fresco y juvenil.

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Museo Diocesano guarda una pequeña colección de arte sacro, en la que destacan unas tablas del S XV atribuidas a Juan de Borgoña y dos lienzos de El Greco.

 

Puerta mudéjar de una capilla de la Catedral (S. XIV

 

Virgen con el Niño, madera policromada del S XIII

 

Piedad. Óleo sobre tabla del S. XV

 

San Antonio Abad y Santa Bárbara. Óleos sobre tabla del S. XV

 

 

 

 

Tablas de un retablo atribuido a Juan de Borgoña (principios del S. XVI)

 

Custodias y cálices (en el interior de una cámara acorazada)

 

Oración en el Huerto, óleo sobre lienzo. En la escena principal la Oración del Huerto, con los apóstoles dormidos. Procede de la localidad conquense de Las Pedroñeras. Firmado por El Greco a finales del S. XVI.

 

Cristo con la Cruz: Óleo sobre lienzo, 49 x 40 cms. Es obra tardía firmada en la cruz por El Greco a principios del S. XVII. El lienzo procede de la localidad conquense de Huete. El sobrecogedor brillo de esos ojos bien merecería por sí sólo un viaje a esta ciudad.

 

 

 

Calvario de Alfonso VIII, madera tallada y en parte policromada; el resto estuvo forrado de plata. Primer tercio del siglo XIII.

 

 

El Palacio Episcopal es del S. XIII pero esconde bajo sus paredes restos de anteriores construcciones durante la dominación musulmana.

 

Las hoces del Júcar, un paisaje singular.

 

 

 

 

 

 

Merece la pena dedicar unas horas a la Ciudad Encantada. Si el tiempo acompaña el paseo es muy relajante. En equilibrios imposibles encontraremos unas rocas muy divertidas.

 

 

 

 

 

 

 

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