Ikigai

Filomena

Hoy voy a empezar algo parecido a un blog con esta entrada que se llama Ikigai. Hace días que lo estoy pensando… No es que me sobre tiempo; en el día a día de un jubilado los minutos corren de otra manera, pero corren. Tampoco voy a lanzarme como un moderno influencer; a mis años ya he influído bastante en los alumnos que he tenido y los compis que me han soportado. Este experimento no debería ser un panfleto de autoayuda, aunque a mí me va a ayudar en varios sentidos:

        • Escribir y decir algo —con corrección— es una buena práctica.
        • Publicar es salir de la zona de confort y eso siempre me parece positivo.
        • Difundir mi experiencia (que a mí me ha funcionado) puede que le sirva a alguien.

El primer joablog funcionó hace más de diez años, enfocado a canalizar comentarios de mi página de fotos. Después  se desactivó y me he centrado en ordenar y publicar mi infinito archivo fotográfico. De las páginas de Dreamweaver pasé a las de WordPress y en este formato hay que correr mucho para no quedarse atrás.

Hace unos días empecé a diseñar esta entrada en un blog que di de alta hace años wordpress.com (reconozco que estoy registrado en muchísimos sitios del mundo virtual, aunque en casi ninguno ejerzo ni aparezco). Pero desde que me puse a escribir me han agobiado con correos y publicidad, quieren que pase por caja, para después crujiros a vosotros lectores con más publicidad. Y por ahí nunca he pasado. Lo barato siempre sale caro. Así que me he traído el blog a mi servidor, por el que pago una miseria, pero no nos acosa. Las cookies es que son un fastidio: se te meten en el navegador y a la primera de cambio te ofrecen todo aquello que buscaste una vez en internet. Una y mil veces. Es la “gota malaya” que hace que compres o apagues tu dispositivo.

Me sale un aviso de que llevo 330 palabras y todavía no he dicho nada 😂. Si yo estaba aquí para hablaros de Filomena y del ikigai, y todavía ni palabra. Allá voy.

Esta mañana ha sido genial. Después del paso del temporal Filomena he vuelto a mi marcha deportiva. No he dicho que desde hace dos años me despierto —sin despertador— entre las 6 y las 7. Nunca ántes me había pasado; siempre necesité uno o dos relojes, más algún zamarreo de Pilar. Así que ahora aprovecho, todavía de noche, para salir y hacer mis 7 kilómetros diarios. Al principio fue en el “colacao”, pero ahora es en las rectas de la Quirón. Una hora, excepto cuando llueve, o hace mucho frío. Por ese motivo este año le hemos pedido a los Reyes Magos —vía Wallapop— una bici estática, con la que suplir en casa el trote por pedaleo; y a la susodicha le hemos puesto por nombre “Filomena”. Pero esta mañana teníamos 14º y no llovía, por eso digo que ha sido genial, en enero y trotando en camiseta.

Quinientas palabras… debo hablar ya del ikigai. Lo descubrí accidentalmente en una biblioteca. Pero era mi compañero hacía muchos años, sin saberlo. Ikigai es el estilo de vivir que se implementa en Japón, basado en unos pilares muy sencillos: humildad, renuncia del ego, sostenibilidad, el placer de los detalles y la consciencia del presente. Después de devorar el libro, fui consciente de que yo tenía mi ikigai, y cada cual debe tener el suyo y hacer con él lo que le venga en gana; a fin de cuentas se trata de disfrutar y vivir más y mejor. Por cierto, la biblioteca que he citado está siempre abierta y si quieres echarle un vistazo al libro, está aquí: Ikigai esencial : la sabiduría milenaria japonesa que dará sentido a cada día de tu vida.

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