Museo Dalí

Visité el Museo Dalí por primera vez en agosto de 1978. Para la generación que abrimos los ojos en los años 70, Dalí era la luz, la ironía mordaz que se rebelaba contra lo establecido, era la irreverencia personificada… En una de mis primeras escapadas mochileras, Figueras fue uno de los objetivos. Saqué algunas pesetas de mi libreta de la Caja Postal y dormí en la pensión «Costa Brava». El Teatro Museo, inaugurado pocos años atrás, me atraía como pocas cosas. Recuerdo al llegar a las puertas del museo un pequeño revuelo: «No tomen fotos, va a salir Dalí» gritaba un vigilante. En aquellos segundos no tuve mejor ocurrencia que levantar mi «AGFAMATIC pocket» y disparar. De aquella visita solo me quedan vagos recuerdos, sin duda lo mejor fue haber sentido por unos instantes la proximidad del genio, todo el poder cósmico de Salvador Dalí.

Salvador Dalí decidió, a principios de los años 60, construir su museo dentro de las ruinas del viejo Teatro Principal de Figueras.  Había sido destruido por un incendio al final de la guerra civil española. La idea se convirtió en realidad con su inauguración el 28 de septiembre de 1974. En su interior se exponían desde las primeras experiencias artísticas del artista ampurdanés hasta las obras de sus últimos años. Las colecciones están gestionadas por la Fundación Gala-Salvador Dalí e incluyen pintura, dibujo, escultura, grabado, instalación, holograma, estereoscopía, fotografía, etc. Uno de los elementos más visibles del museo es la estructura reticular transparente en forma de cúpula geodésica que corona el edificio, una idea de Salvador Dalí que realizó el arquitecto murciano Emilio Pérez Piñero. La cúpula se ha convertido en todo un símbolo para la ciudad de Figueras.