Museos de Roma

En nuestro viaje a Italia de 2005, el 30 de diciembre, visitamos tres de los museos de Roma: los Museos Vaticanos, el Nacional Romano y los Museos Capitolinos.

 

Los Museos Vaticanos

 

Lo primero que nos llamó la atención de este museo fueron las colas enormes que se formaban para entrar. Afortunadamente, al viajar en grupo, nuestro guía consiguió las entradas en un momento y pudimos acceder, eso sí, entre una multitud. Dentro, aunque ya habíamos entrado en 1988, una gran cantidad de obras de arte, atesoradas por los papas a lo largo de los siglos. Pasamos rápidamente entre clásicos grecolatinos, uno de ellos el Laocoonte; también por una escultura que me encantó, un Mitra, muy parecido al de Cabra. La visita fue demasiado apresurada, ya que era casi la hora de comer; al menos tuvimos unos minutos en la abarrotada Capilla Sixtina. Aunque no se podían hacer fotos, alguna tiré. El último día en Roma volvimos a los museos con la idea de hacer una visita más tranquila, pero la cola de entrada era aún mayor  —de dos a tres horas de espera bajo una ventisca insoportable—  así que desistimos.

 

 

El Museo Nacional Romano

Después de comer, aquella misma tarde entramos en el Palacio Altemps, una de las sedes de Museo Nacional Romano. Tenía interesantes colecciones de escultura, joyas y monedas. Me gustó mucho una Afrodita, similar a la encontrada en Córdoba.

 

 

Museos Capitolinos

Fue la última visita del día, ya que oscurecía muy pronto y todo cerraba. Este museo situado en el Campidoglio reunía una interesante colección de obras de distinta procedencia (de ahí lo de llamarse “museos”). Descubrimos piezas singulares, como el Gálata moribundo, el Spinario o la Loba capitolina. Se acababa de inaugurar un patio cubierto con vidrio, en el que se exhibía la estatua ecuestre de Marco Aurelio  —que había estado varios siglos presidiendo la plaza del Campidoglio—  y una escultura colosal de Hércules.

 

 

El siguiente museo: Museos de Cuenca