Hasta julio de 2021 no me puse a escribir esta página sobre Madrid. Tantas idas y venidas, tantos recuerdos que se agolpaban, tantas emociones vividas… y es que no veía por dónde empezar.
Madrid en los años 60 y 70
Recuerdo los viajes familiares a Madrid en el SEAT 600, atestado y sin más aire que el que entraba por las ventanillas delanteras. En la carretera llena de baches era corriente pinchar y tener que buscar un taller de recauchutados; otras veces se rompía la correa del ventilador… Comíamos en Puerto Lápice, en la venta del Aprisco, o en Aranjuez, en La Rana Verde, con balcones sobre el Tajo, donde me pusieron por primera vez un cuchillo 😮.
Desde niño, Madrid me encantaba. Mi abuela y mis tías vivían en la calle Máiquez, a un paso del Retiro. Unos días íbamos a ver museos con papá; otros, a las tiendas de decomisos del Arenal, a buscar gangas, tomando siempre una leche merengada en la calle del Carmen. Dábamos enormes paseos por la Gran Vía, disfrutando con los cochazos, los escaparates y algún que otro famoso —¡¡¡un día casi me tropecé con Yul Brinner!!!—. Pero sin duda, lo que más nos gustaba era bajarnos a la Casa de Fieras para embobarnos con los monos, los osos, la leonera…



1980, el año de la mili
Ganadas las oposiciones, para empezar pronto a trabajar, tenía que hacer el servicio militar y me tocó en Madrid. El campamento, muy corto y fresco, fue en Colmenar Viejo y de allí me mandaron a Aranjuez, de cabo maestro. Entonces me empadroné con mis tías y tuve todo el año pase pernocta. Evidentemente no vivía con ellas, sino en un piso alquilado cerca del cuartel de Pavía. Los fines de semana que no bajaba a Córdoba para ver a Pilar, cogía el tren y me iba a la capital. Me encantaba el Rastro los domingos y patearme Madrid de punta a cabo; también me solté con el metro que ya llegaba a Sainz de Baranda, a dos zancadas del piso de mis tías, que cuando iba a verlas, me mimaban. Aquel verano del 80 también di alguna escapada a Chinchón, donde veraneaba Pilar con sus tíos y primos.

Madrid, de 1981 a 2003
En los años que siguieron a nuestra boda no dejamos de ir a Madrid. Íbamos a ver a los primos de Pilar. Asistimos a funciones de teatro y a varios musicales; en especial recuerdo Barnum y Cabaret. También organizamos allí varios viajes de fin de curso. Además en alguna ocasión fue punto de partida y regreso de viajes de mayor envergadura.
Madrid digital (a partir de 2004)
Hasta entonces había tirado fotos y diapositivas, que proyectaba en mis clases, pero con la fotografía digital todo cambió y esta tarea pasó a un segundo plano. Además de visitar algunos museos, esos años fuimos varias veces a FITUR, a llevar sobrinos de excursión, a musicales, con amigos, de compras…
Madrid, 2017
Después de ir a FITUR en enero, volvimos en el puente de Andalucía y nos alojamos en el hostal Delfina, un clásico de la Gran Vía que me evocaba el piso de mis tías ❤️. Aprovechamos para comer con los primos de Pilar en Alberto; después vimos un musical muy divertido, Menopause.
Al día siguiente fuimos al Banco de España a cambiar las últimas pesetas, aunque la maquinita contó lo que le dio la gana. Después nos esperaban —en el segundo patio atravesando un sórdido sótano— en la Embajada de Uzbekistán, para solicitar un visado. También entramos en Caixaforum, donde exponían Philippe Halsman y Cristina García Rodero. Comimos en La fragua de Vulcano, y echamos la tarde de compras, hasta que despedimos al letrero de Shweppes.
El tercer día, antes de volvernos a Córdoba, fuimos al Centro Cultural Conde Duque a ver una exposición de Chema Madoz, aunque nos encontramos con otras interesantes muestras. Ya en ruta, paramos a comer en Aranjuez. El cuartel donde hice la mili era un aulario de la Universidad Rey Juan Carlos, y a la orilla del Tajo, saboreando unas ancas de rana, recordé las tortillas de espárragos y los fresones con nata de aquellos maravillosos viajes en el 600 de papá ❤️.
























Madrid, 2018 y 2020
Un año más, en enero de 2018 di una escapada a FITUR. Me encantaba recorrer esa feria, descubrir nuevos o desconocidos rincones del planeta y saludar a los amigos que año tras año iban ayudándonos a conocer el mundo. Me encontré con Tamuna Jabauri, profesora de Tiflis que nos acompañó en 2014 por Georgia. Después visité el módulo de Tsiky Tour, de Madagascar, donde Fara y Hery habían expuesto muchas de mis fotos. Por último vi a Temur, que nos organizó un circuito por Uzbekistán la Semana Santa del año anterior. Me agradó ver de nuevo —después de siete años de ausencia— el pabellón de Siria. Conversé un buen rato con Ziad Balkhi, del Ministerio de Turismo; le conté nuestro viaje en 2009 y le enseñé las fotos que tenía publicadas.
En octubre de ese mismo año fuimos al Auditorio Nacional a ver a Natalia Labourdette, soprano y sobrina de Pilar, que cantó magistralmente en Carmen, una ópera en concierto. Esa vez nos quedamos en el hotel Abba, frente al edificio Torres Blancas. Desde la habitación veía el tramo de la avenida de América en el que hice autoestop durante varias horas en una de mis primeras escapadas mochileras.
En 2020 volví a FITUR en enero; preparaba un viaje a Perú pero no encontré buen ambiente —salvo en varios amigos que saludé, como el uzbeco Sadir Kalilov—. Y es que ya se mascaba la pandemia 🫤.
Madrid, 2021
No eran momentos de plantear un gran viaje, ni siquiera una celebración, pero nuestro cuarenta aniversario merecía algo especial, así que pasamos unos días en Madrid.

2 de julio
A media mañana llegamos a Atocha y cogimos un taxi al hotel Vincci Capitol. Después de comer en una terraza fresquita y descansar un rato, salimos a dar una vuelta. Estuvimos en el Círculo de Bellas Artes viendo tres exposiciones de PHotoESPAÑA: Supernova de Ouka Leele, Noches blancas de Timm Rautert y Tod Papageorge y Fotografía africana en The Walther Collection. Después de pasar un rato en la azotea, pateamos la Gran Vía hasta el Templo de Debod y regresamos al hotel.
Sábado, 3 de julio
Después de un desayuno de cine en el Capitol, salimos otra vez hacia el Parque de la Montaña, donde había concertado una visita al cementerio de la Florida. Supimos de este recinto en la novela de Mercedes de Vega “Cuando estábamos vivos”, que leímos Pilar y yo al alimón durante el confinamiento. Un azulejo, una capilla y una lápida eran todo lo que honraba los restos de los fusilados del tres de mayo, que pintó Goya. De paso le echamos un vistazo a los frescos de San Antonio de la Florida y a la tumba del pintor, pero estaba prohibido hacer fotos. Echamos el resto de la mañana en la sede de PhotoEspaña, detrás de Caixaforum; allí disfrutamos con otra exposición de Ouka Leele, y vimos La Playa, de Carlos Pérez Siquier y Martin Parr.
Por la tarde nos acercamos a ver la marcha del Orgullo, que discurría entre Atocha y Colón. Estuvimos casi la mitad del desfile en primera fila, frente al Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.
Domingo, 4 de julio
Paseamos toda la mañana. Primero por el Rastro; siempre tuve pasión por curiosear las Galerías Piquer y las bocacalles de Carlos Arniches. Después fuimos al Madrid de los Austrias y al Palacio Real… hasta la hora del vermú.
Por la tarde fuimos a Serrano paseando y volvimos por Chueca que vivía la resaca del fiestón. Cenamos en el Gourmet Experience Callao; estaban prohibidas las fotos pero con el móvil tiré una preciosa puesta de sol sobre la Gran Vía ❤️.
La 1002 era una habitación temática que quedaba justo detrás del anuncio de Schweppes. La cama resultó más bonita que práctica, ya que se me salían los pies y la cabeza. Para dormir tuvimos que cerrar bien las cortinas, ya que los neones no se apagaron en toda la noche. Las vistas eran alucinantes.
Lunes, 5 de julio
Hicimos las últimas compras y paseamos hasta el Retiro. Luego, volvimos al hotel a recoger las maletas y por una vez cogimos el metro hasta Atocha.
2023. FITUR y Hergé
FITUR
Ya era hora de volver a FITUR, aunque solo fuera para saludar a gente conocida. También aproveché para ver a algunas compañeras del viaje a Bangladés en noviembre pasado.
Ese año me colé con una acreditación usada que me dio una buena amiga. No encontré nada de lo que buscaba, pero aproveché para hacer contactos y coger muchas tarjetas… de hecho, allí conocí la agencia del circuito a los Balcanes que hicimos el mes de julio siguiente.
Hergé
Después de comer me fui para el centro; tenía entrada para la exposición de Hergé en el Círculo de Bellas Artes. Impresionante, muy bien montada y fácil de entender. Me encantó.













































































































































