Vietnam

En las vacaciones de la Semana Santa de 2007 hicimos una escapada a Vietnam. Todavía no era un destino masificado, así que tuvimos que hacer el viaje privado. Volamos desde Madrid a Hanói —vía Bangkok— con Thai Airways. Por entonces las azafatas te obsequiaban orquídeas al entrar en el avión…

Hà Nội, 1 de abril

Hicimos los trámites de inmigración y cambiamos cien dólares, por los que nos dieron nada menos que 1.600.000 dongs. Después nos llevaron al Hotel Nikko Hanoi, puro lujo asiático. Por la tarde salimos a dar un paseo; la primera impresión fue que Hanói era una ciudad triste y apagada. La gente iba en silencio, cada uno a lo suyo. Muchas motos, cargadas hasta el extremo  —incluso vi una con una lavadora—  y un caos circulatorio muy bien organizado. Visitamos la Catedral de San José, recorrimos una zona muy comercial y terminamos en el Lago de la Espada Restituida y el Templo de la Montaña de Jade.

Hà Nội, 2 de abril

A las 9 de la mañana ya estábamos en el impresionante Mausoleo de Ho Chi Minh y de ahí pasamos al Palacio Presidencial. Visitamos la Pagoda del Pilar Único y el Templo de la Literatura, dedicado a Confucio. Después salimos de la ciudad para comer en la casa de un militar jubilado, Ngo Ban, que vivió todas las guerras que hubo en Vietnam el siglo pasado. Por la tarde, de vuelta a Hanói entramos al Templo de Quán Thánh y dimos una vuelta en cyclo-pousse. Acabamos la jornada asistiendo a una función de marionetas sobre el agua.

Hạ Long, 3 de abril

Salimos temprano hacia la Bahía de Ha-long, desde 1994 Patrimonio de la Humanidad, que estaba a unos 200 km. Embarcamos en un junco de vela y motor, la tripulación, un cocinero, el guía traductor y nosotros dos. El día estaba brumoso pero hacía una temperatura agradable. Estuvimos varias horas navegando entre las tres mil islas e islotes de la bahía, algunos de ellos con formas muy sugerentes. Había muchas plataformas pesqueras y barcazas en las que vivía gente  —cuando repartía publicidad de joven, me enseñaron que donde había una antena de televisión es que vivía alguien—. La comida fue espectacular, aunque el marisco era más vistoso que sabroso. Pilar le compró una concha a un niño que se acercó en un bote.

Desembarcamos dos veces del junco. La primera fue para subir a una lancha rápida y visitar un atolón; la sensación de estar dentro era extraña y el silencio en el interior, impresionante. El segundo desembarco fue para visitar la cueva Sung Sot, de dimensiones considerables. Después volvimos al punto de partida y nos llevaron al Hotel Royal, a una habitación con vistas a la bahía.

Navegando por la Bahía de Hạ Long

Hải Phòng, 4 de abril

Después del desayuno, de vuelta a Hanoi, paramos un rato en Hai Phong, una ciudad con casi dos millones de habitantes y un ambiente muy provinciano. Visitamos la pagoda Du Hang y dimos un paseo. Vimos un vistoso mercado de flores y a mucha gente que ejercía su oficio en la calle, barberos y hasta un otorrino. Continuamos viaje hasta la capital y en el aeropuerto tomamos el vuelo a Ho Chi Minh City, Saigón, donde nos alojamos en el lujoso Renaissance Riverside.

 Thành phố Hồ Chí Minh (Sài Gòn), 5 de abril

Despertamos en la legendaria Saigón, la ciudad más poblada de Vietnam (14.000.000 hab.) y le echamos un ojo al hotelazo en el que estábamos. Las vistas del río eran impresionantes y la piscina… no pudimos disfrutarla porque el guía nos esperaba para conocer la ciudad.

Empezamos yendo al mercado Binh Tay; allí había de todo a precios de risa. Después fuimos al templo Thien Hau, en Cho Lon, el barrio chino de Saigón. También visitamos el Palacio de la Reunificación, hasta 1975 palacio presidencial de Vietnam del Sur, y después el impactante Museo de la Guerra. La siguiente visita fue a Tay Son, una factoría de muebles lacados. Compramos varias tablas y encargamos un chifonier a medida; el precio era bueno, pero cuando nos llegó, se disparó con los gastos de aduana. También pasamos por el edificio de correos, el consulado americano y comimos de lujo en Binhan Village, una plantación de cocoteros.

Por la tarde volvimos al mercado a buscar recuerdos. Me compré un falso Rolex Mariner por 20€ que pude usar 4 o 5 años a diario hasta que se le oxidó la corona. En los centros comerciales convivían prendas auténticas e imitaciones descaradas, con enormes diferencias de precios. Aquella noche volvimos a subir a la terraza; Saigón la nuit era una preciosidad.

Delta del Mekong, 6 de abril

Para terminar nuestro viaje, el viernes (santo) hicimos una excursión al delta del Mekong. Por el camino, atravesamos interminables plantaciones de arroz y pudimos comprar más recuerdos. Después navegamos para ver una fábrica de caramelos de coco  —¡deliciosos!—. También dimos un paseo en coche de caballos en el que vimos varios enterramientos domésticos, habituales en estas latitudes. Más tarde, circulamos en una canoa por un canal y para terminar la excursión comimos en un restaurante típico. De vuelta a Saigón, salimos un rato por los alrededores del hotel, donde se estaban estableciendo las principales firmas de la moda internacional. ¡Si Ho Chi Minh levantara la cabeza!

Aquella misma noche volamos desde Saigón a Bangkok, donde enlazamos con el vuelo a Madrid

El siguiente viaje: California

Página actualizada en agosto de 2025

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