Siria, Jordania y Jerusalén

Viajamos a Siria, Jordania y Jerusalén en un pequeño grupo durante las vacaciones de Navidad de 2009, quince meses antes de que empezara la guerra civil siria. Según un amigo que acababa de volver de la zona —Damasco y Córdoba estaban hermanadas desde 2002— era un destino poco recomendable, por lo que aprovechamos la oportunidad, antes de que estallara algún conflicto.

Siria

El 20 de diciembre volamos con Royal Jordanian a Amán; allí enlazamos con otro vuelo que hizo escala en Alepo y llegó a las tantas a Damasco. Después de los trámites fronterizos, cambiamos libras sirias y conocimos a Mansour —que iba a ser nuestro guía y traductor— que nos llevó al Sheraton, un hotelazo en el que caímos rendidos.

Damasco, 21 de diciembre

Empezamos la jornada visitando el Museo Nacional, anticuado y caótico. Su puerta era la del castillo omeya Qasr al-Hayr al-Gharbi, del año 727, con almenas sirias como las de la Mezquita de Córdoba. Este museo era una visita imprescindible para conocer la historia de la Gran Siria a través de los restos que habían sobrevivido a los expolios. No se podían hacer fotos, pero los vigilantes —a cambio de una propina— nos indicaban incluso los mejores ángulos para hacerlas. Entre las piezas destacaba una tablilla de arcilla de reducidas dimensiones, instalada tras una lupa, que contenía un texto en ugarítico, el primero de los alfabetos del mundo.

Después fuimos a la avenida Al-Thawra, donde estaba el monumento a Saladino y el zoco de Hamidiye, con un techo de hierro del siglo XIX. A diferencia del de Estambul, totalmente enfocado al turismo, este conservaba la esencia del comercio tradicional. Al final del mercado estaban los restos del templo de Júpiter y de una iglesia bizantina, y se empezaba a descubrir la Gran Mezquita Omeya.

La Mezquita Omeya

La mezquita, construida hacia 705, era uno de los lugares santos del Islam. El inmenso patio de 122 metros de largo, tapizado de losas que pertenecieron a un monumento romano, ofrecía varias y exquisitas decoraciones. Entre ellas, la del tesoro, una construcción sobre columnas que se utilizaba para almacenar el oro del Estado. Según la tradición local, el minarete más alto de la mezquita, llamado minarete de Jesús, marcaba el lugar donde el Mesías volvería a la tierra el día del juicio final.

Al otro lado del zoco visitamos un ejemplo de riquísima arquitectura árabe-otomana, el Palacio Azem, del siglo XVIII. Era un museo de artes y tradiciones y exhibía, en los diversos cuartos, maniquíes que ilustraban sobre la vida cotidiana en la época. Después paseamos por la Ciudad Antigua, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979, y visitamos un taller de taracea. Ya había anochecido cuando visitamos la casa de San Ananías y la cercana puerta de Bab Kisan, por donde, según la tradición, San Pablo huyó de Damasco, bajando las murallas en un cesto.

Palmira, 22 de diciembre

Salimos muy temprano hacia Palmira. Hicimos una parada en medio del desierto en el Bagdad Café. Cerca de allí, en el cruce hacia Irak me hice una foto que me sirvió para felicitar las fiestas.

La antigua Palmira fue la capital del reino nabateo bajo el efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 266-272. En nuestra visita —antes de la guerra de Siria— pudimos ver numerosas ruinas; entre ellas destacaba el templo de Bel, edificado en el año 32 después de Cristo. También nos adentramos en las montañas, a un sitio desolador: el valle de las tumbas. Algunas de sus construcciones podían albergar hasta 500 cuerpos. Dimos una vuelta por Tadmor mientras anochecía y nos acercamos de nuevo al Arco de Triunfo que estaba iluminado. El arco fué dinamitado por el Estado Islámico en octubre de 2015.

Palmira, 23 de diciembre (amanecer)

Al día siguiente, temprano y con un aire gélido, fuimos a la gran columnata de 1200 m. que era el eje de la vieja ciudad, que llegó a tener cerca de 200.000 habitantes. Recorrimos el templo de Nebo, deidad babilónica; el templo funerario; el campamento de Diocleciano, que antes había sido el palacio de la reina Zenobia; el teatro y el ágora, donde se realizaban operaciones comerciales y se discutía…

Al final de la visita, paramos un momento ante el famoso hotel Zenobia, construido en 1924 y que poco después compró Marga D’Andurain, la protagonista de Cautiva en Arabia de Cristina Morató. Este libro, al que tenemos mucho aprecio, fue un regalo para Pilar en su cumpleaños de Asun Sánchez Fauquier, una de nuestras compañeras de viaje.

Hama, 23 de diciembre (mañana)

De camino a Alepo, paramos en una venta muy pintoresca; después llegamos a Hama. Esta ciudad fue escenario de violentos enfrentamientos entre los Hermanos Musulmanes, los nacionalistas árabes del Partido Baath iraquí, la izquierda siria, y el Ejército Sirio de Hafez el-Assad, en febrero de 1982. Estiramos un rato las piernas viendo las norias de las riberas del Orontes, que aparecían en el billete de 50 libras.

Apamea, 23 de diciembre (tarde)

Apamea era una antigua ciudad grecorromana construida en el año 300 a. C. Fue una próspera ciudad con casi 200.000 habitantes que vio pasar a figuras históricas como Cleopatra, Septimio Severo o el emperador Caracalla. Había numerosas ruinas a lo largo del que fuera su cardo maximus de más de dos kilómetros de longitud. Ya era de noche cuando llegamos a Alepo.

Alepo, 24 de diciembre

Antes de las 6 empezaron las llamadas desde las mezquitas para el rezo. Poco después, salimos unos kilómetros fuera de la ciudad para ir a San Simeón. Los mercadillos callejeros estaban muy animados a esa hora.

Monasterio de San Simeón Estilita

Simón del Desierto fue una de las películas de arte y ensayo que vi en el cine Magdalena cuando era poco más que un adolescente. Buñuel retrataba entre el absurdo y el surrealismo a un seguidor de San Simeón que sufría toda suerte de tentaciones. Tantos años después estaba llegando al escenario que inspiró a aquella cinta mexicana.

Simeón el Estilita vivió treintantos años encima de una columna con el deseo de aislarse del mundo, buscando paz interior y estar más cerca del cielo. Al poco de su muerte se construyó la iglesia en la cima del cerro dónde el santo había vivido subido a la columna, de la que solo quedaba la parte baja.

La Ciudadela de Alepo

De vuelta a Alepo, sin duda la ciudad más interesante del país, en primer lugar visitamos la ciudadela, del s. XII.

La Catedral de los Santos Cuarenta Mártires

Comimos en Sissi House, empezando con unos mezze, aperitivos sabrosos y variados. Después paseamos por el barrio armenio y entramos en la Catedral de los Cuarenta Mártires.

Mezquita Omeya y Zoco del Oro

La Mezquita Omeya era una de las construcciones más notables del arte selyúcida, famosa por albergar los restos del profeta Zacarías. Fue erigida entre los años 710 y 715 d.C. sobre los restos de un templo romano y de la iglesia bizantina construida por Santa Elena (madre de Constantino el Grande). Los comercios del zoco estaban cerrando, pero pudimos ver algo de su ambiente, el Caravanserai del Jabón y por último comprar mazapanes, ya que era Nochebuena. Después de nuestra visita, sufrió enormes daños en 2013, entre ellos la destrucción de su minarete.

Nochebuena

En el hotel nos sorprendieron con una cena extraordinaria y además con una tarta por el cumple de Pilar. Fue una Nochebuena muy especial.

Regreso a Damasco, 25 de diciembre

Muy temprano salimos hacia Damasco. Aquel día hicimos tres visitas: Sergelleh, Crac de los Caballeros y Maalula.

Sergelleh

Sergelleh o Serjilla era una de las más de 700 “ciudades muertas” situadas al norte de Siria. De origen bizantino, fueron abandonadas alrededor del s. V, probablemente por un cambio en las rutas de comercio.

Crac de los Caballeros

El Crac de los Caballeros fue la sede central de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén en Siria, durante la época de las cruzadas. Declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en el año 2006, según expresión de Thomas Edward Lawrence, era «el castillo más admirable del mundo«. Fue devastado por los bombardeos en 2013 y restaurado parcialmente en 2018.

Maalula

Era una ciudad colgada de un acantilado a poco más de 50 km. de Damasco. Su población era mayoritariamente greco-católica melquita, una iglesia de rito bizantino que gozaba de autonomía bajo el papa de Roma. Con el alumbrado de Navidad parecía un auténtico belén. Allí todavía se hablaba el arameo, la lengua materna de Jesús. Una chica rezó un padrenuestro y me permitió grabarle este audio:

Padrenuestro en arameo

El Monasterio de San Sergio fue construido en el siglo IV en estilo bizantino y guardaba uno de los primeros altares cristianos. Estaba rigurosamente prohibido hacer fotos. Santa Tecla, fue una santa en el período inicial de la Iglesia, seguidora de San Pablo. Su convento anexo era de rito ortodoxo y guardaba celosamente los restos de la santa, hija de un príncipe selyúcida. Tampoco dejaban hacer fotos, aunque alguna se me escapó.

Rumbo a Jordania, 26 de diciembre

En nuestro último día en Siria, dejamos muy temprano el hotel; el presidente Bashar al-Ássad parecía despedirnos desde la recepción. A dos horas de carretera, circulando hacia el sur, estaba Bosra.

Bosra

Antigua capital de la provincia romana de Arabia, Bosra fue una ciudad muy próspera. Paso obligado de caravanas, su importancia comercial fue enorme, y llegó a contar 50.000 habitantes. Conservaba, encerrados en sus gruesas murallas, un magnífico teatro romano del siglo II, ruinas nabateas, romanas, bizantinas y varias mezquitas.

Después de comprar los últimos recuerdos, Mansour nos dejó en el paso fronterizo de Jaber. Pasamos caminando sin problemas 😉 de Siria a Jordania.

Jordania

Pasar a pie la frontera desde Siria fue bastante divertido. Dos aduaneros, que no quitaban ojo al escáner de equipajes, me hicieron abrir la maleta; debieron ver demasiados cables, cargadores y unos sobres metalizados misteriosos. En qué me vi para contarles que eran de Sueroral, y que llevaba algunas semanas con colitis. Al final se lo tuve que explicar con gestos y todo acabó a carcajadas 😂.

Aunque el mayor atractivo del Reino Hachemita de Jordania era Petra —a la que no pudimos llegar en nuestro viaje por Egipto y el Mar Rojo en 1998— las visitas a Jerash y al Wadi Rum resultaron ser muy interesantes.

Jerash, 26 de diciembre

Jerash o Gerasa era el nombre de una antigua ciudad de la Decápolis, una de las ciudades romanas más importantes y mejor conservadas del Próximo Oriente. En la segunda mitad del siglo I, la ciudad alcanzó una gran prosperidad. En 106 el emperador Trajano construyó calzadas que atravesaban las provincias, lo que incrementó las actividades comerciales de la ciudad. Adriano la visitó en los años 129-130. El Arco de Adriano fue erigido para solemnizar la visita.

Vimos el hipódromo con sus 245 m. de largo; el foro, en perfecto estado de conservación; las «tres iglesias» (de los santos Cosme y Damián, de San Juan Bautista y de San Jorge) que conservaban unos mosaicos impresionantes; el Templo de Artemisa, hija de Zeus, hermana de Apolo y patrona de Jerash; el Ninfeo, fuente para atraer y venerar a las ninfas… Allí echamos el día completo; ya era noche cerrada cuando llegamos a Hotel Nabatean, en Petra.

Petra, 27 de diciembre

Ocupada desde el siglo VI a. de C. por los nabateos, prosperó gracias a su situación en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. En el siglo VIII, el cambio de las rutas comerciales y los terremotos sufridos, condujeron al abandono de la ciudad por sus habitantes, y el lugar fue redescubierto por un explorador suizo en 1812.

La entrada por el siq (la garganta) fue una experiencia única; se sucedían los cambios de luz y del color de las rocas… hasta que llegamos al Tesoro, el monumento más interesante de la ciudad, con sus 40 metros de altura. Recorrimos casi toda la ciudad… Por la tarde, para subir al Santuario quedaban ochocientos escalones, unos cuarenta pisos; estábamos muy cansados, así que lo dejamos para otra ocasión…

Wadi Rum, 28 de diciembre

Empezamos la excursión en 4×4 frente a la montaña más famosa del desierto: Los Siete Pilares de la Sabiduría. Wadi Rum era una inmensa pizarra donde la civilización nabatea dejó muchos petroglifos y primitivos textos. Durante el recorrido tuvimos un guía excepcional, Omar Artigas, protagonista de un capítulo de «Españoles por el mundo».

Arenas rojas surcadas por caravanas de dromedarios, montañas erosionadas durante milenios por los vientos. Territorio nabateo y un lugar muy querido por los árabes. Sólo en este escenario tan hermoso podía forjarse la leyenda de Lawrence de Arabia.

Para el día siguiente —el 29 de diciembre— solo teníamos la estancia en Amman y una salida al Mar Muerto, básicamente para comprar cremas. Pero estábamos a 100 km de Jerusalén y se me ocurrió preguntar al guía si había posibilidad de entrar en Israel. Sobre la marcha nos contrató una furgoneta y un guía, para que nos enseñara en unas horas lo más destacado de la ciudad.

Jerusalén

Jerusalén, 29 de diciembre

Salimos muy temprano de Ammán y llegamos al puesto fronterizo de Allenby. Allí pasamos los exhaustivos controles y registros de nuestro cuerpo y de todo lo que llevábamos encima.

Proseguimos el camino, ya con nuestro guía palestino Yaser Nimer, entre asentamientos, muros y alambradas… La primera parada la hicimos en el Monte de los Olivos, junto al cementerio judío. La panorámica era espectacular. Después subimos la empinada calle por la que —según la tradición—  entró Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, y visitamos el huerto de Getsemaní, la Iglesia de las Naciones y la Tumba de la Virgen María, en la que estaban también los restos de Santa Ana y San Joaquín.

La Vía Dolorosa

Hicimos una comida rápida y entramos en la ciudad vieja por la Puerta de los Leones. Dejamos para otra ocasión la explanada de las mezquitas (Cúpula de la Roca y Mezquita de Al Aqsa) por consejo de Yaser. Después de visitar el lugar donde probablemente nació la Virgen María, recorrimos la Vía Dolorosa, calle que fue parte del itinerario que tomó Cristo, cargando con la cruz, camino de su crucifixión. Paramos en las nueve estaciones del viacrucis. Las restantes estaban dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro.

Más tarde dimos una vuelta por los barrios judío y armenio y salimos por la Puerta de Sión hacia el Cenáculo. Era un lugar conmemorativo de la Ultima Cena; en una de sus habitaciones estaba el lugar de la tumba del rey David. Después fuimos a la Abadía de la Dormición y al Muro de las Lamentaciones. Tuvimos que pasar por un control de seguridad. Las chicas se lamentaban a la derecha —y los chicos a la izquierda, separados por una mampara— de la destrucción de la ciudad y la dispersión del pueblo hebreo, se leía el libro de los Salmos o se introducían papelitos con plegarias entre las rendijas del muro.

Otra vez cruzamos el barrio armenio hasta la Puerta de Jaffa, que estaba en obras, y vimos a lo lejos la ciudadela y el colapso del tráfico. De regreso a la frontera del río Jordán vimos mucho movimiento de carros y en una gasolinera, uno bastante viejo, seguramente de la guerra de 1967.

La reentrada en Jordania

Vuelta a casa, 30 de diciembre

Finalmente, el miércoles 30 de diciembre de 2009 volamos a primera hora de regreso a Madrid. Fueron unos días inolvidables —e irrepetibles 😢— en los que aprendimos mucho con unos compañeros estupendos, entre ellos Mariló y Baltasar, unos sevillanos con los que después hemos compartido una decena de grandes viajes.

El siguiente viaje: Bulgaria

Página reeditada en octubre de 2025

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies