Noroeste

Pilar y yo recorrimos el noroeste de España con nuestro coche, durante once días, en julio de 2005. Lo hicimos en nueve etapas —Mérida, Ávila, Segovia, Valladolid, Oviedo, Lugo, Santiago, Salamanca y Toledo— con la idea de enriquecer mi archivo fotográfico, además de descubrir algunas de las maravillas de nuestro país.

Mérida, 19 de julio

Ya la conocíamos la capital de Extremadura, pero era un buen punto para hacer escala. Nos alojamos en el Hotel Tryp Medea, y antes de que apretara el calor fuimos al teatro y al anfiteatro. Después entramos en el Museo Nacional de Arte Romano, en el edificio diseñado por Moneo y en la iglesia de Santa Clara, donde estaban los restos visigodos. Terminamos la mañana en el templo de Diana.

Por la tarde fuimos a ver el acueducto de los Milagros. Después nos refrescamos en el embalse de Proserpina y vimos el atardecer entre el puente romano y el Lusitania, obra de Calatrava.

Ávila, 20 de julio

Salimos temprano de Mérida y se me ocurrió «cortar» por una nacional, para ver la calzada romana del Puerto del Pico; atravesar Gredos se hizo infinito… Ya en Ávila nos restauramos con patatas revolconas y un chuletón. Después de descansar en el Palacio Valderrábanos, paseamos por la ciudad y entramos en el Convento-Museo de Santa Teresa  —¡cuántos recuerdos de mis tiempos en el colegio del Carmen!— . También dimos una vuelta en el tren turístico y visitamos la catedral, donde estaban prohibidas las fotos. Por la noche salimos otro rato para ver las iluminaciones. A la mañana siguiente, saliendo para Segovia, paramos un momento en la iglesia de San Vicente.

Segovia, 21 de julio

A las diez y media ya estábamos en el interesante Museo del Vidrio de La Granja. A continuación visitamos el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, una amalgama de construcciones superpuestas con muy buen gusto; en la Capilla de las Reliquias estaba el cenotafio de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, que estaban enterrados en una cripta. Ya en Segovia vimos las iglesias de San Martín y la Trinidad, antes de entrar en la catedral. Estaban prohibidas las fotos, así que solo hice unas en el claustro. Después de comer fuimos al alcázar, uno de los castillos más bonitos de España. Tras un descanso en el Hotel Los Linajes, paseamos hasta el anochecer por la Casa de los Picos y los alrededores del acueducto y la catedral.

Valladolid, 22 de julio

Dimos un rodeo para pasar por Peñafiel y ver su castillo, pero no pudimos entrar. Sí pudimos ver, aunque solo por fuera, el Convento de San Pablo, una joya del estilo mudéjar.

Llegados a Valladolid nos alojamos en el Hotel Olid. En primer lugar fuimos al Museo Nacional de Escultura, en el Colegio de San Gregorio, anexo al impresionante Monasterio de San Pablo. En nuestra visita, recorrimos las salas de escultura y pintura gótica. Después, las obras de Berruguete y Juan de Juni. Seguimos con Gregorio Fernández, máximo exponente del Barroco castellano. Había muchas tallas de otros maestros, Salzillo, Martínez Montañés, Alonso Cano… Me encantaron los dioramas de escenas taurinas de época. Pero sobre todo, disfruté con el excepcional Belén Napolitano.

Por la tarde fuimos a la austera catedral y entramos en su museo. Para terminar, visitamos los pasos de Semana Santa, que temporalmente estaban expuestos en una nave cercana. Aquella noche estuvimos por detrás del ayuntamiento, en unas tabernas en las que servían un cigales espectacular.

Oviedo, 23 de julio

Fue una ruta larga. Pasado el puerto de Pajares tuve que hacer varios cambios de sentido; quería visitar la iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena, que se veía desde la carretera, pero no daba con la entrada. Ya en Oviedo, nos alojamos en el Gran Hotel España, comimos y salimos a buscar monumentos. Santa María del Naranco, antiguo pabellón de caza, estaba cerrada por obras; tampoco pudimos entrar en San Miguel de Lillo.

Me sorprendió el Museo de Bellas Artes de Asturias, en la Casa de Oviedo. Había obras de El Greco, Zurbarán, Ribera, Murillo, Carreño de Miranda, Goya, Sorolla, Picasso, Dalí, Miró, Tàpies… Me encantó un apostolado de El Greco expuesto en una sala independiente muy bien iluminada.

Más tarde visitamos la catedral y dimos una vuelta por el centro, la Plaza de la Escandalera y la fuente de Foncalada, terminando en San Julián de los Prados.

Asturias, 24 de julio

Era domingo y por primera vez en este viaje por el noroeste de España, pasamos dos noches en el mismo hotel. Por la autopista “Y” bajamos a Gijón, a la playa de San Lorenzo, aunque el día estaba tormentoso. Teníamos una cita en la Cueva de Tito Bustillo, que ya conocía de la escuela viajera que hice en el 90; pero no se podían hacer fotos. Después nos acercamos a Ribadesella, con un gran ambiente piragüista, y más tarde a Cangas de Onís, a ver su mercadillo y su puente. Bajo el símbolo de Asturias, la Cruz de la Victoria, mientras corría Fernando Alonso, nos comimos unas fabes con almejas memorables. Después subimos a los lagos de Enol y Ercina, y visitamos la Basílica de Covadonga. De vuelta a Oviedo, paramos en el Conventín, San Salvador de Valdediós. Aquella noche terminamos escanciando sidra y saludando al mismísimo Woody Allen.

Lugo, 25 de julio

En camino hacia Lugo, paramos en Cudillero, un pueblo de pescadores con mucho encanto. Las vistas del cabo Vidio desde esta zona eran impresionantes. Más adelante paramos en el Castro de Coaña. Las hortensias de las cunetas estaban preciosas. Y en esto que llegamos a Mondoñedo, donde paramos a comer en A Voltiña: pulpo, empanada… Seguimos la ruta, asomándonos a la playa de las Catedrales. Al llegar a la capital lucense nos alojamos en el Gran Hotel Lugo y salimos a recorrer la ciudad y pasear sobre su muralla. Visitamos la catedral, dedicada a Santa María de los Ojos Grandes; dentro, estaba la capilla de San Froilán, patrón de Lugo.

En camino a Santiago de Compostela, 26 de julio

De camino a Santiago, hicimos una corta parada en La Coruña para ver la Torre de Hércules. Escondía en su interior el faro romano más antiguo del mundo  —el único en servicio—  por eso era Patrimonio de la Humanidad.

Después de comer y dejar las maletas en el único hotel que había disponible en la zona, llegamos a Santiago. La ciudad vivía la resaca de su día grande y la Plaza del Obradoiro no estaba demasiado concurrida. Entramos en la catedral y le dimos el abrazo ritual al busto del santo. Después visitamos el interesante y didáctico Museo Catedralicio. Terminamos la jornada con una mariscada para celebrar que era mi santo.

En ruta a Salamanca, 27 de julio

La Toja

Definitivamente había entrado un temporal del Atlántico cuando salimos hacia Salamanca. En La Toja (Pontevedra) estuvimos solo un momento para hacer unas fotos, con un vendaval impresionante.

Pasamos por Vigo y Orense sin parar, ya que seguía lloviendo bastante. Dimos un pequeño rodeo para visitar Santa Comba de Bande, una de las iglesias visigodas que había tenido que estudiar en la carrera.

A última hora de la tarde llegamos al Tryp Salamanca, con tiempo para cenar, pasear por la Plaza Mayor y dar las buenas noches a la Casa de las Conchas.

Salamanca, 28 de julio

Aprovechamos bien la mañana de ese jueves, recorriendo de nuevo la Plaza Mayor, la Casa de las Conchas, la Universidad, las catedrales vieja y nueva con sus retablos y museo… Después cruzamos el puente romano y vimos el verraco (los dos símbolos del escudo de Salamanca). También nos dio tiempo a visitar el Convento de San Esteban y el de las Dueñas, en el que compramos unas cajas de pastas. Vimos la Torre del Clavero y comimos en la Plaza Mayor. A la salida vimos la curiosa iglesia de San Marcos, y en ruta, paramos en El Tiemblo (Ávila) para saludar a los Toros de Guisando, que ya conocíamos. Finalmente, a la caída de la tarde, llegamos al Hotel Beatriz, en Toledo.

Toledo, 29 de julio

Toledo fue la última etapa de este viaje por el noroeste de España. Empezamos temprano yendo a la catedral, en la que estaba prohibidísimo hacer fotos; solo hice una a una cúpula y otra al retrato del cardenal Portocarrero, palmeño insigne. Seguimos hasta San Juan de los Reyes, joya del gótico, y terminamos la ruta en la ermita del Cristo de la Luz, la mezquita mejor conservada de las que hubo en Toledo. Nuestro viaje estaba terminando; después de comer, seguimos camino hasta Córdoba.

Página actualizada en agosto de 2026