Bali

En las navidades de 2013 fuimos a Bali, la isla de los dioses, una provincia hinduista de Indonesia, el país con más musulmanes del planeta. El viaje fue agotador; volamos el día 23 con Qatar Airways, haciendo escala en Doha para estirar las piernas. Después hubo una parada técnica de varias horas en Singapur, donde no pudmos salir del aeropuerto, así que tiramos de wifi. Por fin llegamos a Bali la tarde del 24, con la terminal llena de australianos en chanclas, y es que estábamos a solo tres horas de vuelo de Darwin. Después de pagar el visado, fuimos directamente al hotel con nuestro guía traductor, Dewa. Caía el diluvio universal y nos anocheció por el camino (allí amanecía a las 6 y anochecía a las 18). Cuando llegamos al Villa Ubud, cenamos algo ligero y aunque era nochebuena caímos en la cama derrotados.

Ubud, 25 de diciembre

Amanecimos en un paraíso. El Hotel Villa Ubud solo tenía diez casitas; el dueño era español y el mejor anfitrión que pudiera imaginarse. Estábamos en las afueras de Ubud, la capital cultural y artística de la isla, con palacios, templos, mercados, celebraciones…

Empezamos visitando el Palacio Real y después vimos a una muchedumbre que acudía con ofrendas a un templo. Entramos en varias tiendas; la artesanía era espectacular y a precios razonables. Comimos muy bien en un restaurante local; la cerveza Bintang, genial  —se notaba que por aquí pasaron los holandeses—  y las comidas, ligeras, con variedad de verduras, arroces y pollo.

Después fuimos al templo-palacio del agua, Pura Taman Saraswati, y dimos una vuelta por el animado y festivo centro de Ubud. Volvimos al hotelazo donde nos habían dejado una sorpresa para Pilar por su cumple. Después de un remojón en la piscina, navidades a 30º, anocheció mientras nos daban unos masajes…

Ubud, 26 de diciembre

¡Buenos días desde el paraíso! En esta jornada visitamos templos y otros lugares de interés cercanos a Ubud. Empezamos por una función de danza ancestral que escenificaba la batalla entre Barong y Rangda para representar la eterna batalla entre el bien y el mal. Seguimos visitando un taller de artesanía en madera, donde compramos una máscara.

La Cueva del Elefante (Goa Gajah) y la piscina adyacente fueron descubiertas en el s. XX; habían funcionado como santuarios desde diez siglos atrás.

Tirta Empul era un templo de agua, con manantial sagrado para las purificaciones rituales. Como en todos los templos que visitamos, las mujeres no podían entrar durante su menstruación.

Gunung Kawi fue la última visita del día, un paseo relajado por el complejo de templos y estanques, en medio de unos arrozales preciosos, sembrados en terrazas.

Ubud, 27 de diciembre

El viernes nos desplazamos al área de Batubulan, entre unos arrozales infinitos. Visitamos un taller de batik, técnica indonesia inscrita en 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. También vimos otro taller donde pulían y engastaban gemas.

A mediodía llegamos a Besakih, el más grande y sagrado de los templos hinduistas balineses. El complejo estaba a 1000 m. de altitud y lo formaban 23 templos en seis niveles, donde según la creencia habitaban los espíritus de los ancestros. Constantemente llegaban cientos de peregrinos, cargados de ofrendas a los dioses. Cerca de allí comimos en Lereng Agung, un establecimiento turístico con unas vistas impresionantes al monte Agung (un volcán de más de 3.000 m. que era la montaña más alta y reverenciada de la isla). También impresionaba el murciélago que sesteaba a la entrada del restaurante.

Por la tarde estuvimos en el complejo de edificios históricos de Klungkung, del s. XVII, en gran parte destruidos durante la conquista colonial holandesa en 1908. Impresionantes las pintras del Pabellón Kertha Gosa, que era un tribunal de justicia.

También fuimos a Goa Lawah, el templo de la Cueva de los Murciélagos, uno de los seis santuarios más importantes de Bali. El templo era muy pequeño y muy antiguo (más de mil años). La puerta de entrada tenía mucho valor espiritual para los balineses y allí nos hicimos la foto. Después dimos un paseo por el mercado nocturno de Gianyar, donde principalmente servían comidas.

Ubud, 28 de diciembre

El sábado nos dirigimos al oeste de la isla hacia el templo Taman Ayun. Rodeado de un ancho foso, fue el templo principal del reino de Mengwi. Fue incluido en 2012 en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. No faltaba tampoco el cartel advirtiendo a las chicas.

Después fuimos al Templo de la Tierra en el Mar, que eso significaba Tanah Lot, un lugar de peregrinación  —y escenario fotográfico—  para locales y turistas.

Comimos en el Pacung Indah, un restaurante estupendo. Continuamos atravesando plantaciones de café y clavo, entre exuberantes colinas cubiertas de jungla, arrozales y árboles frutales, hasta la espectacular cascada de Munduk, con una caída de treinta metros.

Seguimos hasta el Lago Bratan, que estaba entre montañas, y llegamos al templo Ulun Danu, que honraba a la diosa del lago Dewi Danu, y que era probablemente la imagen más fotografiada de Bali. De regreso a Ubud disfrutamos de un atardecer inolvidable.

Rumbo a Canggu, 29 de diciembre

Después de desayunar dejamos el hotel y fuimos a hacer las últimas compras al centro de Ubud. Allí nos cruzamos una de las «procesiones» que ya habíamos visto. Comimos en ruta, junto a una enorme granja de patos y a primera hora de la tarde llegamos a Canggu.

El alojamiento que habíamos reservado tenía cuatro villas privadas independientes. Escogimos la más pequeñita, pero no le faltaba un perejil. Echamos una siesta, un baño en la piscina —también privada— y al atardecer dimos un paseo a Echo Beach, donde cenamos en una especie de chiringuito.

Canggu, 30 de diciembre

Pasamos el día tranquilamente paseando por el pueblo y la playa. Localizamos un restaurante rodeado de arrozales en el que servían estupendamente.

Canggu, 31 de diciembre

Fue otro día de descanso. Visitamos el templo que había en nuestra calle. Cuando fuimos a comer, vimos como el tiempo se estropeaba; por la tarde y noche llovió torrencialmente. En nuestra villa organizamos la cena de fin de año con algunas delicatessen que siempre llevamos en la maleta, incluidas las latitas de uvas.

Kuta y Uluwatu, 1 de enero de 2014

En una clara del chaparrón salí al jardín a despedirme de la piscina. Estaba seguro de que si hubiera dioses estarían viviendo en Bali y muy posiblemente en una villa como esta. En fin, había que volver a casa. Llovía sin parar en Kuta. Pasamos junto al memorial por las víctimas del atentado de 2002 y entramos en el Hard Rock a tomar un café y comprar unos recuerdos. Nos quedaba por ver el templo de Uluwatu; cuando llegamos y empezamos a subir al acantilado arreciaron la lluvia y el viento; nos pusimos como una sopa. Comimos en el Blue Heaven, junto a la playa de Pabang Pabang, donde Julia Roberts rodó «Come, reza y ama».

Vuelta a casa, 1 y 2 de enero

Al llegar al aeropuerto nos terminamos de secar y esperamos la hora del embarque. El regreso tuvo también paradita en Singapur y la escala en Qatar. No sé cuantas horas después, llegamos a casa.

El siguiente viaje: Azerbaiyán

Página actualizada en septiembre de 2025

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