Celebrando el Día Mundial de Fotografía
Ayer participé en una salida fotográfica de AFOCO, convocada por Carlos Córdoba, para celebrar el día de nuestra afición/adicción, haciendo lo mejor que se podía hacer: tirar fotos. Yo que respiro más analógico que digital, no sabía qué aparato llevar… La Rollei 35T me parecía poco (es la pequeñita que llevo a los viajes) y la Rolleiflex todavía no sé si funciona bien, ya que el rollo que tiré de prueba —un C-41— no me lo habían revelado todavía. Así que fui sobre seguro con la Nikon F90X, para probar unas gangas encontradas en Wallapop: un Nikkor 20 mm/2.8 (el mejor algular de la casa) y un Nikkor 85 mm/1.8 (el mejor retratero fabricado por los japoneses). Esta pareja de focales ya la experimenté en mi viaje a Bangladés y me fue estupendamente.
Tirando un carrete
Donde metí la pata fue en la elección del carrete. Llevaba 50 años tirando Kodak TriX o Ilford HP5, y le quise dar una oportunidad al Fomapan 400, película checa que costaba la mitad. Me las vi y me las deseé para sacar anoche las películas del chasis —reciclable, dicen—. Esta mañana revelé el carrete junto a otro igual que tiré en el antiguo cementerio judío de Praga, en julio. Al colgarlos vi que la película era de lata, con la numeración desordenada. Para mi desgracia, al digitalizarlos me encontré churretes, manchas y chorreones que no podían ser del revelado o secado, ya que soy estricto en el proceso. Los dos rollos sacaron luces en los mismos lugares, señal inequívoca de una “fuga de luz” en la máquina que impresiona en fábrica el número de negativo y la marca. Total, un desastre de película que no usaré nunca más.
Pues bien, del rollo de 36 (del que salieron generosamente 40 fotogramas) he podido salvar la mitad, dándome una buena tarde de Photoshop. Aquí sigue la galería, homenaje a mis compis del paseo fotográfico y humilde celebración del Día Mundial de la Fotografía en 2026.



















