Viajamos a la Región de Murcia en un viaje organizado, en mayo de 2025. Nos alojamos en La Manga del Mar Menor y desde allí hicimos varias excursiones.
Murcia, 5 de mayo
El martes fuimos a la capital y en primer lugar visitamos la catedral de Santa María y la capilla del Apóstol Santiago, en el Palacio Episcopal. Después dimos un largo paseo por el centro, pasamos junto al casino, la iglesia de Santo Domingo y el teatro Romea.
Entonces nos despistamos del grupo para seguir a nuestro aire. Fuimos al Museo Salzillo, dedicado monográficamente a la obra del imaginero murciano. Vimos el impresionante belén compuesto por 556 figuras y los pasos de la Última Cena y la Oración del Huerto, entre otros.
Tomamos el aperitivo —naturalmente, una marinera— en la plaza de Santa Catalina y comimos en el Real Casino de Murcia, un sitio muy especial. Terminamos el exquisito menú con un asiático y hablando de cafés con Luisa, la camarera que nos aconsejó y atendió estupendamente. Nos dijo que ella era de Pereira, ciudad del eje cafetero colombiano, y que su país nos encantaría. Allí se gestó nuestro viaje a Colombia.
Después de la comilona, visitamos el casino, uno de los edificios más emblemáticos de Murcia. Su construcción comenzó en 1847 y era una mezcla ecléctica de estilos que fue declarado monumento histórico-artístico en 1983. Después dimos otra vuelta por el centro, buscando parapajotes. Eran hojas de limón envueltas en una masa de harina y huevo, frita y espolvoreada con azúcar y canela; la hoja no se comía, solo daba su perfume a la masa. Me supo a poco 🫤.
Cartagena y Mazarrón, 6 de mayo
El miércoles fuimos a Cartagena, donde visitamos el Centro de Interpretación de la Muralla Púnica y el Teatro Romano. Ya en el puerto entramos en la tienda de Licor 43, empresa en la que trabajó una tía de Pilar toda su vida. Terminamos la mañana en el Museo Naval, donde se exponía el primer submarino torpedero a propulsión eléctrica, inventado por el ingeniero y marino cartagenero Isaac Peral.
Por la tarde nos llevaron a Bolnuevo para ver las gredas, unas formaciones de arenisca muy erosionadas. Después paseamos por Mazarrón y entramos en una factoría romana de salazones.
Cieza, Calasparra y Caravaca, 7 de mayo
Llegamos a Cieza, que todavía estaba despertando de sus fiestas del escudo. No había un alma por las calles, ni en el mercado; solo algunas tiendas empezaban a subir sus persianas. Entramos en la basílica de la Asunción y en un museo, que tenía reproducciones a escala real de viviendas de Medina Siyâsa con sus arcos, yeserías decorativas y algunos materiales originales. Lo último que vimos fue la iglesia del convento de San Joaquín, en el que había una talla de la Virgen del Rocío.
En Calasparra solo visitamos el Santuario de la Virgen de la Esperanza, que estaba excavado en una gruta a seis kilómetros de la localidad. Afortunadamente, en la cantina vendían saquitos de su famoso arroz que pudimos comprar.
Terminamos el día en Caravaca de la Cruz, una de las cinco ciudades santas del cristianismo católico en el mundo, junto a Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. En la Basílica de la Vera Cruz, se custodiaba una reliquia con fragmentos del Lignum Crucis. También acababan de celebrar su fiesta de los Caballos del Vino, cuyo museo visitamos.
Sin duda, lo mejor de cada día fueron los paseos que dábamos por La Manga después de cenar en el hotel. Era temporada baja, con temperatura agradable y muy pocos turistas.
Águilas y Lorca, 8 de mayo
Al llegar a Águilas nos asomamos al mirador Joan Manuel Serrat, llamado así en homenaje al cantante por su visita en 2019. Desde allí se veían el embarcadero, la Bahía del Hornillo y la Isla del Fraile. Después entramos en el CIMAR, Centro de Interpretación del Mar, en el interior de un antiguo pesquero. En el centro urbano visitamos la Casa de la Cultura, con una exposición de recuerdos de Paco Rabal y un pequeño museo del Carnaval de Águilas. Finalizamos la mañana en el barco Don Pancho —navegando entre granjas de acuicultura de lubina, dorada y corvina— desde el pico de la Aguilica hasta la Isla del Fraile.
Llegamos a Lorca por la tarde, cuando empezaba a caer una fina lluvia. Todavía quedaban edificios apuntalados desde el terremoto de 2011. En los soportales del ayuntamiento, en la Plaza de España, un guía local explicaba la historia de la ciudad; mientras yo aproveché para hacer algunas fotos de la antigua colegiata de San Patricio, el Palacio de Guevara y el de los Condes de San Julián. Finalmente fuimos a visitar el Museo Azul, que exponía la mayor colección de bordado artístico de la Semana Santa de Lorca, declarada de Interés Turístico Internacional.


















































































































































































