En el verano de 2015, Mariló, Baltasar, Pilar y yo hicimos una ruta por los Pirineos, visitando localidades, monumentos, museos y parques de Gerona, Andorra, Lérida y Huesca. El viaje empezó volando de Sevilla a Barcelona el 2 de agosto; una vez en el aeropuerto recogimos un coche que habíamos alquilado y pusimos rumbo a Ripoll, en la provincia de Gerona, donde habíamos reservado en el hotel La Trobada.
Aquella noche estábamos muy cansados y solo salimos un rato para ubicarnos y cenar algo.
3 de agosto: Ripoll, Nuria y Queralbs
Monasterio de Santa María de Ripoll
Lo primero que vimos por la mañana fue el campanario del monasterio de Santa María de Ripoll, y después de desayunar, fuimos a visitarlo. A pesar de las restauraciones, el conjunto que ya funcionaba en el s. IX, era muy interesante. Además conservaba enterramientos de los primeros condes de Barcelona.
Santuario de Nuria
Después fuimos en el coche hasta Queralbs, para coger el tren que subía al valle de Nuria. Era mi tercera subida, ya que había hecho este recorrido espectacular con las Escuelas Viajeras en mayo de 2001 y de 2003. Llegamos y comimos en la cafetería. Más tarde le dimos varias vueltas al santuario y cogimos el cremallera para bajar.
Queralbs
Queralbs era un pueblo de montaña que nos llamó la atención. Paseamos por su calle principal, engalanada como para unas fiestas, y llegamos hasta su iglesia románica del s. X, con su pequeño cementerio. Estábamos cansados de tanta briega y volvimos a nuestro hotel en Ripoll.







Aparte del monasterio y del centro comercial, Ripoll no tenía mucho más que ver. Cenamos de lujo en La Taverneta —allí descubrí la cervesa Minera— y nos recogimos temprano.
4 de agosto: Besalú, Figueras y San Juan de las Abadesas
Besalú
El martes nos desplazamos a Besalú, ciudad muy turística, con un ambiente medieval que mereció la visita. Vimos el monasterio de San Pedro y paseamos por sus callejuelas hasta su fotogénico puente.
Figueras
Llegamos a Figueras y conseguimos aparcar, tarea complicada, porque el pueblo estaba a rebosar. Después comimos y nos pusimos en cola para visitar el Museo Dalí; parecía que nunca entraríamos, pero en una hora estábamos dentro.
Visité el Museo Dalí por primera vez en agosto de 1978. Para la generación que abrimos los ojos en aquella década, Dalí era la luz, la ironía mordaz que se rebelaba contra lo establecido, era la irreverencia personificada… En una de mis primeras escapadas mochileras, Figueras fue uno de los objetivos. Saqué algunas pesetas de mi libreta de la Caja Postal y dormí en la pensión “Costa Brava”. El Teatro Museo, inaugurado pocos años atrás, me atraía como pocas cosas. Recuerdo al llegar a las puertas del museo un pequeño revuelo: “No tomen fotos, va a salir Dalí” gritaba un vigilante. En aquellos segundos no tuve mejor ocurrencia que levantar mi “AGFAMATIC pocket” y disparar. De aquella visita solo me quedan vagos recuerdos, sin duda lo mejor fue haber sentido por unos instantes la proximidad del genio, todo el poder cósmico de Salvador Dalí.
San Juan de las Abadesas
Por la tarde fuimos a San Juan de las Abadesas para visitar su monasterio. El conjunto era precioso. Un museo bien estructurado —en el que no se podían hacer fotos—, un audiovisual muy didáctico y la iglesia, con enterramientos de las primeras abadesas y el Santísimo Misterio del Descendimiento, del s. XIII. También vimos el puente viejo sobre el Ter y lo que quedaba de la iglesia de San Pol.
Aquella noche esperábamos hacer una cena ligera en el hotel, pero nos pusimos de grana y oro con embutidos a destajo y cervesas locales 😋
5 de agosto: La Seo de Urgel y Andorra la Vieja
A la mañana siguiente, dejamos el hotel y salimos para Andorra, atravesando unos paisajes increíbles.
La Seo de Urgel
Alrededor del mediodía, llegamos al centro histórico y entramos en la catedral de Santa María, que cerraba a la una. La visita fue muy rápida, apremiados por un guarda que tenía ganas de irse pronto. Aun así, pudimos ver el claustro, la iglesia de San Miguel y parte del museo diocesano —en el que estaba prohibido hacer fotos—. Me impresionaron el arca del obispo Armengol y el Beato de Urgel. A primera hora de la tarde seguimos camino a Andorra.
Andorra la Vieja
Pilar y yo ya habíamos estado en los años ochenta en este pequeño principado, comprobando que era un paraíso para las compras. Pero en esta ocasión fue una etapa de descanso y poco kilometraje. En cuanto al comercio, Andorra ya no era lo que había sido anteriormente.
Llegamos por la tarde, nos alojamos en el hotel Andorra Center y salimos a dar una vuelta por el centro de la capital. Visitamos la iglesia de San Esteban, de los siglos XII y XII, restaurada en el XX. Después recorrimos parte del centro, hasta la Nobleza del Tiempo, de Salvador Dalí. Por último, tomamos unas cervezas Franziskaner de grifo y cenamos en un animado restaurante.
6 de agosto: Andorra la Vieja
Fue un día de pocas fotos. Nos dedicamos a las compras, en varios centros comerciales y en varias tiendas, callejeando. No había grandes ofertas ni precios competitivos, pero sí las últimas novedades electrónicas, y exclusivos perfumes. También tomamos el sol en la terraza del hotel. Y comimos y cenamos, estupendamente. Puro dolce far niente.
7 de agosto: entre Andorra y Lérida
Ordino
Una española que conocimos el día anterior nos dijo que el pueblo más bonito de Andorra era Ordino, así que en el último día que estuvimos en el principado, fuimos allí. Era un pueblo precioso y la iglesia de San Cornelio y San Cebrián tenía unos retablos y unas tallas muy interesantes.
Meritxell
Después fuimos al nuevo Santuario de Meritxell; un incendio destruyó hace años la antigua capilla y la talla de la patrona de Andorra, así que todo estaba reconstruido.
Santa Coloma y San Saturnino de Nagol
También nos acercamos a Santa Coloma, otra joya del románico, rica en pinturas murales. Y ya cerca de la frontera, paramos en la pequeña iglesia de San Saturnino de Nagol. Un chico nos contó detalles del edificio y el significado de sus pinturas murales. En San Julián de Loria comimos algo rápido, ya que todavía teníamos que hacer muchos kilómetros por tierras de Lérida.
En ruta a Erill la Vall
Los 150 km por la N-260, a pesar de sus atractivos paisajes, nos parecieron interminables. En Sort paramos un rato para estirar las piernas y comprar unos décimos. Ya anocheciendo llegamos a Erill la Vall, donde habíamos reservado en La Plaça. Cenamos estupendamente en el restaurante del hostal y apenas dimos una vuelta después, impresionados por la tranquilidad y el aire fresco que nos envolvían.
8 de agosto: Valle de Bohí
Estábamos en el corazón del valle de Bohí, y empezamos la jornada informándonos de los horarios de las iglesias, que eran, desde el año 2000, Patrimonio de la Humanidad. Recogimos la información, las entradas, un póster, y empezamos la ruta.
San Juan de Bohí
Iglesia de tres naves con muchas pinturas al fresco reproducidas, ya que las originales fueron arrancados y se conservaban en el MNAC (la foto del museo la hice en 2009).
San Clemente de Tahull
Tal vez fuera la más conocida de las iglesias, y era la más concurrida. Tuvimos suerte de encontrar entradas para el pase audiovisual, que rozaba la perfección, devolviendo virtualmente al ábside su apariencia primitiva. Las pinturas originales de San Clemente también habían sido arrancadas al strappo y estaban en el MNAC.
San Félix de Barruera
A mediodía llegamos a Barruera, a la iglesia de San Félix. Fue una visita rápida, ya que empezaba a llover y además iban a cerrar pronto. Era muy austera y tenía como otras iglesias un pequeño cementerio anejo.
Santa Eulalia de Erill la Vall
Después de comer y descansar un rato, volvimos a las iglesias, empezando por la que teníamos a dos pasos del hostal. Muy sencilla, de una sola nave alargada, estaba presidida por un grupo del Descendimiento y la figura de Santa Eulalia.
San Quirce de Durro
Estaba cerca del pueblo, a una altura de 1500 m y tenía unas vistas espectaculares. Fue la única en la que no pudimos entrar, pero lo compensamos disfrutando con el paisaje.
La Natividad de Durro
A la vuelta de la ermita entramos en la Natividad, una iglesia con apariencia maciza; tenía una sola nave y un porche lateral, retablos barrocos y restos de un Nicodemo de algún Descendimiento.







Santa María de Tahull
A última hora de la tarde llegamos otra vez a Tahull, diez minutos antes de que cerraran Santa María. Era una iglesia muy transformada y restaurada; los frescos originales estaban en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Volvimos al día siguiente para verla con más tranquilidad.
9 de agosto: Valle de Bohí
Empezamos la mañana subiendo al embalse de Cavallers, por unos carriles muy estrechos. Hacía frío a casi 2000 m de altura y no llevábamos el equipo adecuado, así que caminamos un poco, hicimos algunas fotos y regresamos al valle.
Santa María de Cardet
En una hora estábamos en la aldea de Cardet y visitamos su iglesia en la que las pinturas y retablos originales habían sido retirados. El cerrojo era muy interesante.
Santa María de la Asunción de Coll
La última de las iglesias románicas, la Asunción de Coll, estaba cerca, al borde mismo de la carretera. Una amabilísima vecina nos la abrió y nos contó orgullosa detalles de su construcción y conservación.
Ya que habíamos hecho los deberes —documentar las nueve iglesias— el resto del día fue muy relajado. Paseamos por el Salencar de Barruera, y volvimos a Tahull, donde comimos. Después le dimos un repaso a San Clemente y nos volvimos al hostal a descansar un rato. Por la tarde hicimos una excursión a Puente de Suert. De regreso a Erill la Vall, hice unas fotos a la torre y el cementerio, con las últimas luces del día.
10 de agosto: de Aigüestortes a Jaca
Parque Nacional de Aigüestortes
Nuestra última mañana en Lérida la dedicamos a visitar el Parque Nacional, en unos minibuses que salían desde Bohí. El planell d’Aigüestortes era un espacio totalmente llano, de bosques, prados y agua, donde encontramos un itinerario circular de pasarelas de madera, muy cómodas. Después, volvimos a Bohí y seguimos el viaje hacia Jaca.
Dag Shang Kagyü
Dimos un buen rodeo para acercarnos a Dag Shang Kagyü, donde llegamos en plena siesta. Otras veces para visitar un templo budista habíamos volado miles de kilómetros y este nos pillaba de paso 😉. Había poca actividad y apenas media docena de visitantes. Entramos en la estupa, rezamos un Om mani padme hum en los molinillos, seguimos en el edificio principal y acabamos en una pequeña tienda, donde compré algunos objetos rituales para mi Buda. Y seguimos camino. Las rutas transversales por los Pirineos se me hacían infinitas. Menos mal que eran unos paisajes increíbles. Por fin llegamos a Jaca, y nos alojamos en el Hotel & SPA Real de Jaca, aunque no tuvimos tiempo de disfrutar de todas sus instalaciones. Salimos a dar una vuelta por el centro y a cenar algo.
11 de agosto: por tierras de Huesca
Jaca
Empezamos la jornada en la Catedral de San Pedro. También entramos en el Museo Diocesano de Jaca, que mostraba una de las más bellas colecciones de pinturas murales románicas del mundo. Inaugurado en 1970, ocupaba las estancias que rodeaban el claustro de la catedral. Más tarde estuvimos en la Ciudadela pero tenía poco que ver, así que fuimos en coche hasta Botaya, donde a la una del mediodía salía un microbús para las ruinas del Real Monasterio de San Juan de la Peña. De él escribió Unamuno que sería: “…la boca de un mundo de peñascos espirituales revestidos de un bosque de leyenda, en el que los monjes benedictinos, medio ermitaños, medio guerreros, verían pasar el invierno, mientras pisoteaban la nieve jabalíes de carne y hueso, salidos de los bosques, osos, lobos y otros animales salvajes”.
Santa Cruz de la Serós
Era la hora de comer y estábamos a un salto de este pueblo. Nos detuvimos un momento a ver la ermita de San Caprasio y a unos metros entramos en O’Fogaril, un restaurante familiar estupendo. Después nos acercamos a la parroquia que ya estaba abierta, aunque no se permitían las fotos ☹️.
Villanúa
Otro atractivo de Huesca, que estaba muy cerca, era la cueva de las Güixas, en la localidad de Villanúa. Hicimos la visita en grupo; en el recorrido nos pusieron al día sobre brujerías y aquelarres.
Canfranc
Tanto nos entretuvimos aquella tarde que cuando llegamos a Canfranc no quedaban entradas para visitar —naturalmente en grupo y con casco— el interior del edificio histórico de la clausurada estación de ferrocarril. No nos quedó otra que dar una vuelta por la zona visitable y hacer algunas fotos. Después regresamos a Jaca y cenamos en el hotel.
12 de agosto: de Huesca a casa
Después de desayunar salimos para Huesca. La capital celebraba las fiestas en honor de San Lorenzo y en la feria taurina, Francisco Rivera había sido corneado dos días antes. La ciudad despertaba poco a poco y casi todo estaba cerrado. Entramos en la Catedral de la Transfiguración y en el Museo Episcopal. Después fuimos al interesante Museo de Huesca, instalado en el Palacio de los Reyes de Aragón. Allí estaba la sala de la campana, donde supuestamente Ramiro II el Monje decapitó a unos nobles díscolos.
Por último, compramos unas pastas en el convento de la Asunción y comimos en uno de los pocos bares que habían abierto, antes de salir para Zaragoza.
Llegamos a Zaragoza-Delicias y entregamos el coche. A las cinco y media partió el AVE que nos llevaría a casa, en Córdoba y Sevilla respectivamente.





































































































































































































































































































































































