En las navidades de 2014 viajamos a Sri Lanka, la antigua Ceilán. A pesar de tratarse de la estación seca —normalmente de diciembre a marzo— nos sorprendieron temporales e inundaciones que causaron enormes daños en las infraestructuras y cambiaron parte de nuestro recorrido.
Volamos con Qatar , vía Doha, a mediodía del 23 de diciembre. En Colombo hicimos los trámites de inmigración y más tarde nos dirigimos al Chaaya Vilage, en Habarana, donde celebramos la Nochebuena.



Habarana, 25 de diciembre
Por la mañana cruzamos varios ríos desbordados.visitamos el Buda de Aukana, con sus trece metros de altura fue tallado en la roca en el siglo V d.C. y transmitía una gran serenidad. Aquella tarde hicimos un safari por los alrededores de Habarana, donde docenas de elefantes vivían en libertad.
Sigiriya y Polonnaruwa, 26 de diciembre
Amaneció muy lluvioso. Ese día visitamos dos maravillas que eran Patrimonio de la Humanidad: La Roca del León de Sigiriya y los Budas de Gal Vihara en Polonnaruwa. Primero ascendemos a la enorme roca en la que estaban excavadas varias estancias. Una escalinata metálica permitía acceder a la galería de los frescos (del s. V) donde estaban representadas una veintena de doncellas.
Después nos encaminamos hacia los tres preciosos budas de Gal Vihara, esculpidos en la roca. La tarde sigue metida en agua y nos recogimos pronto.
Dambulla, 27 de diciembre
El Templo de Oro de Dambulla, también Patrimonio de la Humanidad, era el complejo de cuevas y monasterios más grande y mejor conservado de Sri Lanka. Parecía que no había pasado el tiempo desde su construcción. Perfectamente ubicadas en las cinco cuevas, descubrí centenares de figuras de Buda y otras deidades hinduistas. El silencio y la semioscuridad invitaban al recogimiento. Por la tarde asistimos a un espectáculo de bailes locales, ya en la ciudad de Kandy. De vuelta al hotel, caía un aguacero impresionante.
Kandy y Pinnawala, 28 de diciembre
Un lugar que me impactó especialmente en Sri Lanka fue el Templo del Diente de Buda, Sri Dalada Maligawa, en la ciudad de Kandy. Cada día, desde muy temprano, acudían al templo miles de devotos para venerar la reliquia. La multitud se dirigía a la primera planta del templo, donde se guardaba el diente original, traído desde India en el s. IV a.d.C. Durante unos momentos inenarrables, la energía de la reliquia o los cientos de fieles que empujaban 😉, me levantaron los pies del suelo. No sé cómo pude pude hacer las fotos.
Por la tarde fuimos al Orfanato de Elefantes de Pinnawala, un sitio muy turístico donde recogían y criaban la mayor manada de elefantes asiáticos del mundo. Dimos unos biberones a las crías y nos hicimos unas fotos cuando más fuerte llovía. De vuelta al hotel paramos un momento junto al War Cemetery que estaba cerrado; a pesar del barrizal y de la lluvia intermitente pude tomar unas cuantas fotos.
Peradeniya, 29 de diciembre
Antes de salir de Kandy hacia las Tierras Altas, visitamos bajo la lluvia el Real Jardín Botánico de Peradeniya. Con varios siglos de historia, era uno de los más bellos del mundo y el más importante de Asia, con sus avenidas de palmeras y una gran variedad de orquídeas.
De Kandy a Nalawapitiya debíamos ir en tren, y seguir hasta Nuwara Eliya en coche, para hacer la ruta del té. Sin embargo, las inundaciones y corrimientos de tierra habían cortado muchas vías y la mayoría de carreteras estaban impracticables. Las Tierras Altas eran muy peculiares, con un clima húmedo y frío; su paisaje era una sucesión de plantaciones de té, mansiones de la época colonial y grupos de mujeres recolectoras. Visitamos la factoría Glenloch, en la que nos mostraron los procesos de secado, selección y envasado del té.
Por fin llegamos a Nuwara Eliya cuando oscurecía. El hotel St. Andrew’s era famoso por las ranas de sus jardines, aunque no escuché a ninguna croar.
Hacia Bentota, 30 de diciembre
Echamos casi todo un día para recorrer 200 km. Eso sí, disfrutamos de unas vistas especataculares. También paramos en algunos minicementerios que había al borde de la carretera. Comimos en el Hotel Plantation, donde estuvo el puente que dinamitaron en el rodaje de «Puente sobre el Río Kwai».
Llegamos a Bentota y nos alojamos. Después, dimos un paseo por el pueblo y nos acercamos a uno de sus monasterios que estaba ya cerrado. Unos chicos que nos conocían del hotel nos invitaron a subir en una balsa. Aunque estaba oscureciendo, la aventura prometía y en el fondo no parecían mala gente. En una hora atravesamos varios manglares y esteros que ellos conocían como la palma de su mano. Ya de noche nos desembarcaron a un paso del hotel, por lo que se ganaron nuestro agradecimiento y una buena propina.
Madu Ganga y Galle, 31 de diciembre
Por fin amaneció un día soleado. Salimos a conocer los alrededores y vimos muchos enterramientos al borde de las carreteras, como en el resto de la isla. Madu Ganga era una zona lacustre por la que hicimos un recorrido en barca. La variedad de flora y fauna era sorprendente. El manglar estaba habitado por familias que se dedicaban a la pesca o a recolectar ramas de canela. Atracamos en un islote en el que había un monasterio budista, y más tarde dejamos que unos pececillos se comieran la piel muerta de nuestros pies 😯.
Siguiendo hacia Galle vimos varios grupos de pescadores subidos en estacas; eran la imagen típica de esta zona. Uno de ellos estaba en la playa recogiendo las propinas de los turistas que parábamos a hacerles fotos.
Galle era también Patrimonio de la Humanidad. Comimos muy bien en el Rampart Hotel y después dimos un largo paseo por el malecón y la ciudad vieja. Al regresar al hotel, por la carretera que discurría junto a la costa, vimos un pequeño monumento en recuerdo de los miles de muertos en el tsunami de 2004, entre ellos los 1800 que iban en el tren que fué arrastrado por la gran ola.
Bentota y Colombo, 1 de enero de 2015
Empezó el año con un día estupendo. Dimos un paseo mañanero por la playa, con un pequeño chapuzón. Después salimos hacia Colombo. La capital de Sri Lanka tenía poco de especial: grandes avenidas, mucho tráfico, parques enormes y algunos templos. Allí teníamos una habitación en el Cinnamon Grand Colombo para relajarnos y prepararnos para el vuelo nocturno de regreso, otra vez vía Doha.

El siguiente viaje: Etiopía








































































































































































