Hacía mucho tiempo que queríamos viajar a Argentina, pero no fue posible hasta las navidades de 2004. Acabado el corralito, el cambio del peso era mucho más favorable que con la paridad al dólar. Además, aquel año, el calendario escolar hizo posible que la noche del miércoles 22 de diciembre cruzáramos el charco en un vuelo de Aerolíneas Argentinas para hacer un tour privado. En ese viaje estrené la Nikon D-70, mi primera cámara digital de alta resolución 😯.

Buenos Aires, 23 de diciembre
Llegamos a media mañana a Ezeiza, con un calor asfixiante, dejamos las maletas en el Hotel Bel Air y nos fuimos a conocer Buenos Aires. Me pareció enorme, la Avenida 9 de Julio tenía unos 140 m de anchura. Vimos el Cabildo, la Catedral Metropolitana —con la tumba de Sanmartín, el libertador de Argentina— el Gobierno Autónomo y la Casa Rosada. La Plaza de Mayo era una manifestación incesante, a pesar del verano austral. De allí fuimos a la Boca, la zona portuaria; pasamos junto a La Bombonera y llegamos a Caminito, un barrio muy pintoresco. Acabamos la tarde paseando entre Retiro y La Recoleta; otro día volveríamos más temprano al cementerio, a visitar el panteón de Eva Perón.
Buenos Aires, 24 de diciembre
Día de Nochebuena sofocante. Volvimos al obelisco, que era una estructura de hormigón hueco de 67 metros de altura, inaugurado en 1936 en conmemoración del cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Visitamos el Teatro Colón, enorme. Después nos dimos un homenaje en una parrilla; con un cambio de 4 pesos por euro, un asado excelente a base de lomo, bife de chorizo y vino de Mendoza, salió por menos de 15 euros, los dos.
Por la tarde amenazaba tormenta, pero salimos a la plaza del Congreso Nacional. El monumento a los Dos Congresos estaba tomado por algunos piqueteros pero, por la fecha que era, había poca actividad.
Buenos Aires, 25 de diciembre
El día de Navidad amaneció lluvioso. Paseamos del hotel a La Recoleta, pasamos junto a la Embajada de Francia y llegamos al cementerio. Un empleado nos indicó el lugar del panteón de Evita. Era mediodía y no había abierto el Hard Rock Cafe, así que nos fuimos a Puerto Madero, pero allí hacía mucho aire y todo estaba cerrado. El vuelo desde el aeroparque a Trelew fue por la tarde; ya en Puerto Madryn nos alojamos en el Hotel Tolosa.
Península Valdés, 26 de diciembre

La Península Valdés, en la provincia de Chubut, tenía una gran variedad de ecosistemas. El domingo fuimos de excursión a Puerto Pirámides, llamado así por la forma que mostraban los acantilados desde el mar. Desafortunadamente, el periodo de cría de la ballena franca austral en estas aguas llegaba hasta diciembre y hacía sólo unos días que se habían marchado a mar abierto los últimos ejemplares. Vimos cantidad de machos adultos y jóvenes de lobo marino de un pelo, que se solazaban mientras mudaban el pelaje. También había colonias de cormoranes reales y de cuello negro. Después de desembarcar probamos el cordero patagónico, prácticamente sin grasa, uno de los manjares de esta tierra.
La Patagonia era extremadamente árida y fría. Los vientos dominantes siempre llegaban de los Andes, fríos y sin apenas humedad. Estas condiciones solo permitían una ganadería ovina en régimen de semilibertad. En la travesía pudimos ver algunos ejemplares de mara, roedor que podía pesar hasta 16 Kg; también un grupo de ñandús petiso o choiques, y decenas de guanacos. En Punta Delgada bajamos a ver de cerca una lobería y más tarde una pequeña pingüinera. Terminamos el día visitando el Centro de Interpretación Florentino Ameghino y el Museo Regional Fuerte San José.
Punta Tombo, 27 de diciembre
El lunes hicimos una excursión a la colonia de pingüinos más grande del mundo. Tuvimos que recorrer casi 200 Km, una parte por carretera y el resto por pistas en muy mal estado. El conductor y el guía, sin importarles los baches, hicieron más llevadero el camino tomando mate.
En Punta Tombo unos dos millones de pingüinos de Magallanes, en plena cría, se alternaban en cuidar sus nidos y alimentarse. Después de dos o tres días comiendo sin parar en el mar, volvían a tierra y encontraban su nido; entonces su pareja, que había vigilado y alimentado este tiempo a las crías (normalmente una o dos), corría con paso decidido al mar para alimentarse.
Después estuvimos en un pueblo galés fundado en 1865 que mantenía desde entonces su lengua, modo de vida y tradiciones. Por último visitamos el interesante Museo Paleontológico Egidio Feruglio en Trelew. Y desde allí cogimos un vuelo a Ushuaia, donde nos alojamos en el Hotel del Glaciar.
Ushuaia (Fin del Mundo), 28 de diciembre
Amanecimos en el fin del mundo y muy temprano salimos para el Parque Nacional Tierra del Fuego; empezamos por hacer un recorrido en el Tren del fin del mundo, usado antiguamente por presidiarios. Después, en la Ensenada Zarategui había una estafeta del Correo Argentino y desde allí mandé varias postales. Por último llegamos hasta el Lago Roca y la Bahía Lapataia, donde acababa la Ruta Nacional 3. Por la tarde navegamos por el Canal de Beagle, hasta la Isla de los Lobos, una experiencia inolvidable. Terminamos el día dando un paseo —como no— por el fin del mundo.
Ushuaia, 29 de diciembre
Ese miércoles empezamos por visitar el Museo del Fin del Mundo, donde se exponían utensilios y recuerdos del antiguo presidio y de la historia local. Después paseamos y compramos algunos recuerdos. Por la tarde volamos a El Calafate, nuestro siguiente destino; allí nos alojamos en el Hotel Bahía Redonda.
Glaciar Perito Moreno, 30 de diciembre
Estuvimos todo el día en el Parque Nacional de los Glaciares, recorriendo el Ventisquero Perito Moreno. El glaciar arrastraba la mayor parte del hielo del campo patagónico sur, con un frente de unos cinco kilómetros y una altura sobre el Lago Argentino de 60 metros. Impresionante desde lejos y majestuoso cuando nos acercamos navegando. Los continuos derrumbes que se producían causaban un ruido atronador. A pesar de estar en el verano austral hacía mucho frío, sobre todo cuando arreciaban las rachas de vientos gélidos. Sin embargo, los notros crecían vistosos sin importarles el frío.















Lago Argentino, 31 de diciembre
El último día del año navegamos por el Lago Argentino. Pasamos cerca del Glaciar Upsala y del Spegazzini. Después continuamos hasta la Bahía Onelli. En el bosque, los troncos se cubrían con unos líquenes llamados barba de viejo. En la bahía el paisaje era tan frío como sobrecogedor.
El Calafate, 1 de enero de 2005
El Calafate era un pueblecito ganadero de la provincia de Santa Cruz, punto de acceso a los glaciares, fundado en 1927, que crecía exponencialmente desde el año 2000 cuando se inauguró su aeropuerto. El presidente de la República Argentina —Néstor Kirchner— era santacruceño y se notaba su apoyo a este desarrollo desmedido.
El día de Año Nuevo amaneció radiante. Paseamos toda la mañana, por aquel incipiente caos urbanístico. Por la tarde volamos a Buenos Aires, y volvimos a nuestro Hotel Bel Air.
Buenos Aires, 2 de enero
Nuestro último día en Argentina lo dedicamos a pasear por San Telmo y Palermo. En la Plaza Dorrego había un interesante mercadillo de antigüedades y objetos curiosos. Después fuimos al zoológico para ver los tigres de Bengala blancos y ejemplares de los cuatro camélidos argentinos (llama, alpaca, guanaco, vicuña). Vimos además al capibara o carpincho, el roedor más grande y pesado del mundo y al majestuoso cóndor. Después, caminamos por los bosques de Palermo y regresamos al hotel para comer y descansar. Por la tarde nos esperaban 12 horas de vuelo hasta Madrid.
Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver…

El siguiente viaje: Kenia




























































































































































































