Curro el Herrero

Curro el Herrero

“Por voluntad expresa del pueblo, el Ayuntamiento de La Puebla de los Infantes, en sesión plenaria celebrada el día diecisiete de enero de dos mil ocho, nombra a Don Francisco Atalaya Romero “Curro el Herrero” Hijo Predilecto de la Villa, en reconocimiento de sus muchos méritos artísticos y humanos […] En La Puebla de los Infantes, a veintiocho de febrero de dos mil ocho”

I En su casa natal

Descubrimiento de la placa conmemorativa en la fachada de su casa.


II En el museo que lleva su nombre

Inauguración del Museo de Artes y Costumbres Populares “Curro el Herrero”.

Más fotos en este enlace


III Homenaje Curro el Herrero

El acto da comienzo con la actuación del grupo flamenco ARRIATE que nos interpretan unos cantes de fragua.

 

Seguidamente se proyecta un vídeo conmemorativo que recoge anécdotas y vivencias de Curro en boca de unos amigos. El vídeo ha sido realizado por Demetrio Serrano.

El Coro Parroquial dirigido por Francisco Liñán interpreta dos canciones.

VIEJOS CAMINOS DE PIEDRA

Viejos caminos de piedra,
ardiendo al sol sin piedad.
Tristes senderos de tierra
y arcillas de soledad.
Sangran los pies de los pobres
sobre los duros caminos,
buscando paz en la noche,
mientras descansa el olvido.

Viejos caminos de piedra
resecos buscan el mar,
piensan la sombra y el sueño
temblando de claridad.
Lloran caminos desnudos
bajo las mismas estrellas,
mostrando descarnaduras
del roce de muchas penas.

Viejos caminos de piedra,
dorados ya por la luz;
pero la luz no los calma,
se vuelve amargo el azul.
Sobre los campos morados
nace la luz con tristeza
y sigue el sol descarnando
viejos caminos de piedra.

A mi suegra el otro día
se le rompió el paragüero.
Como le corría prisa
lo llevó a Curro el herrero.
“Curro, arréglamelo pronto”
-mi suegra así le decía-
y Curro le contestaba:
“Cuando pasen estos días”

La calle Llana es muy llana,
y el Castillo en la pendiente;
pero la calle Mesones
es la que a mí me divierte.

Sandinga landín,
sandinga landero,
sandinga landín
adiós resalero.

Me fui por calle Mesones
por no dar tanto rodeo,
me encontré con mi contraria
“josú” qué bicho más feo.

Tu madre a mí no me quiere
porque no tengo qué dar:
cásate con el reloj,
que todas las horas da.

Mi suegra está “mu” orgullosa
porque tiene un hijo guapo,
que lo meta en una orza
y lo tape con un trapo.


En memoria de Francisco Atalaya Romero, CURRO, artista autodidacta y una de las mejores personas que he conocido. (Francisco Carmona)

Debo confesar que para mí es una suerte y un honor colaborar en estos actos en recuerdo de un ilustre vecino que por desgracia para todos no se encuentra ya entre nosotros. Digo por desgracia porque su obra ha quedado inconclusa pues se nos fue cuando se encontraba en plena madurez, esa etapa fecunda en la que los artistas crean sus mejores obras. Y me refiero a él con la palabra “ilustre” porque personas ilustres hay muy pocas a pesar de que con ese vocablo encabezamos a menudo, por impositivos protocolarios, numerosos escritos en el ajetreo de nuestra vida diaria. Una persona ilustre es alguien que destaca, que sobresale en alguna actividad. Y Curro, con su sencillez y su buen hacer se ha elevado bastante sobre el horizonte comunitario que configuramos todos los puebleños. Es como si lo viéramos allá arriba, entre las murallas, formando parte de esa estrella de Navidad que él mismo fabricó para deleite de todos nosotros.

Y para hacer la semblanza de Curro, más que continuar con frases y palabras altisonantes que incluso podrían dar la sensación de hueras y retóricas, pienso que la exposición de algunas situaciones o vivencias reales que tuve la suerte de compartir con Curro, ilustrarán mejor lo que fue él. Incluso pienso que muchos de ustedes se sentirán identificados, como si las estuvieran viviendo, y les recordarán la calidad humana y artística de quien fue nuestro amigo. Vamos a llamarlas “Escenas”.

ESCENA PRIMERA:

Atronó la recia voz del maestro: ¡¡Curroooo..al fuelle!! El incontestable grito, tras rebotar en las tejas vanas del modesto taller, escapó en dos direcciones. Primero, atravesando el hueco de puerta donde pendía una eterna cadena que servía de sujeción para diversos menesteres, llegó al patio contiguo y se estrelló en los pabellones auditivos del sobresaltado chiquillo quien, de dos zancadas, se plantó junto a su padre que en ese momento introducía un escoplo en el mortecino fuego de la fragua. Simultáneamente aquel grito huyó hacia la calle donde nosotros, los críos del barrio, hacíamos viajes interminables a bordo de una destartalada camioneta, aparcada desde siempre en la puerta de la herrería, que solo conservaba el chasis y el volante tras los numerosos saqueos a que el maestro herrero la tenía sometida. Aquel grito también nos arrancó a nosotros del desgarrado asiento camionero y nos impulsó al interior del taller donde ya Curro le daba al fuelle.

Déjame a mí – le decía alguno de nosotros.

Y Curro le cedía el fuelle y volvía de nuevo al patio seguido por el resto de la chiquillada como pollillos tras la clueca. Y allí, en un rincón, entre rosales, arriates de campanillas y macetas de geranios que su madre y sus hermanas cuidaban con esmero, Curro nos introducía en la pequeña caseta donde construía sus sueños, su estudio, su santuario, protegido del sol y de la lluvia con la chatarra que se almacenaba en aquel patio.

Estaba terminando un regalo para nosotros, sus amigos. Nos dijo que lo reservaba para el domingo siguiente, cuando jugáramos el partido que teníamos previsto entre los dos equipos que solíamos disputar nuestro buen hacer futbolero en el Pradillo Bajo, entre los montones de estiércol que las cuadras del pueblo iban formando. No nos quería revelar la sorpresa que nos reservaba, pero le insistimos y nos lo mostró:

Sobre una chapa, rodeado de esculturillas de barro, de figuras de alambre y de dibujos coloreados nos mostró nuestro trofeo: una magnífica copa hecha con “grea” y forrada con papel de plata de las tabletas de chocolate. Corrían los años cincuenta. Nosotros teníamos ocho o nueve años y Curro dos o tres más. Nosotros, cuando no hacíamos novillos, íbamos a la escuela… pero Curro, no.

ESCENA SEGUNDA:

María, como podía ser Huertas, Dolores o Carmen, una de aquellas incansables, picantes y matriarcales abuelas de cuando una olla era todavía una olla, se asoma a la puerta de la herrería y lo llama:

– Curro, hijo de la gran puta, …toma la olla y échale otro remiendo que la pobre está peor que yo…

– Anda, déjala ahí – le contesta Curro aparentemente distante y desatento. Mas, enseguida, en tono cómplice, le insinúa:

– Pero esta noche me esperas en la esquina de la muralla, que te voy a poner bien.

Y una risa franca de anciana sabia llenó la calle.

Comenzaba por aquellos tiempos la década de los setenta.

ESCENA TERCERA:

Antonio estaba terminando ya su casa.¡Cuánto esfuerzo!… Todo el trabajo de herrería se lo había hecho Curro que incluso le había quitado de la cabeza aquel disparatado diseño de rejas que Antonio se empeñaba que le hiciera.

– Esto es una catetá, Antonio – fue lo que le dijo ( no recuerdo si empleó esa palabra u otra parecida pero igual de contundente). Mira – continuó Curro – las rejas te las voy a hacer así.

Y le vistió las ventanas con rejas de toda la vida.

Poco después Antonio le hizo otro encarguito, un capricho: le llevó un aro de hierro para que se lo convirtiera en una lámpara. Pasaban los meses y la lámpara no tomaba forma.

– Curro, ¿cuándo me vas a hacer la lámpara?

– Mañana – le contestaba Curro imperturbable.

La lámpara nunca vio la luz pero cuando se casó la hija de Antonio, Curro se presentó con un regalo para la niña: Un precioso velón de hierro con la imagen de la Virgen de las Huertas. Y es que Curro siempre sorprendía.

Corrían por entonces los años noventa.

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He pergeñado dos o tres pinceladas del Curro que yo conocí. Muchas otras personas podrían añadir, con toda seguridad, innumerables recuerdos sobre él, a cuál más entrañable, pero creo que todos los que lo conocimos podemos coincidir en que

– Fue un TRABAJADOR, un buen artesano, incansable.

– Fue un ARTISTA. La vena de artista que llevaba dentro y que tuvo que moldearla él sólo, sin ayuda de nadie, sin escuelas, sin academias y a pesar de los crecientes problemas visuales que lo aquejaban, ha dado magníficas obras que han llenado nuestro pueblo y se han repartido por una amplísima geografía.

– Y su HUMANIDAD nos ha alcanzado a todos. Sin estridencias, sin alardes, sin quejas, ha sabido dar a cada uno lo suyo. ¿Quién de nosotros no tiene algo de Curro en su casa, aunque sólo sea un recuerdo agradable?

Por eso me uno con todas mis fuerzas a quienes han tenido el acierto de pedir su nombramiento como hijo predilecto de nuestro pueblo. Felicito a su familia y nos felicitamos todos por haberlo tenido entre nosotros.

A veces, cuando me levanto, aún me parece escuchar aquel cadente repiqueteo de fragua con el que nos despertábamos los chiquillos del Pradillo todas las mañanas.

Y me acuerdo de Curro.

Un abrazo, amigo, donde quiera que estés.


Seguimos con la actuación de Eloisa Chamorro, Ernesto Rangel y Elisa Gutiérrez que nos van a cantar tres canciones: “MAYO” y “CANCIÓN PROMETIDA”, compuestas por Ernesto Rangel y “DE HABERLO SABIDO”, compuesta por Quique González)


Amigos de la Poesia “SOÑANDO CAMINOS”

HOMENAJE A CURRO

En La Puebla, murió el día 7 de octubre de 2006, a la edad de sesenta y tres años, Francisco Atalaya Romero, artista local, al que todos conocíamos como “Currillo el herrero”. Estaba considerado como una institución, una persona muy popular, muy sencilla y querida y un verdadero artista. Herrero, hijo y nieto de herreros, trabajaba la forja con una destreza, un gusto y una creatividad realmente admirable. Su obra está dispersa en muchos hogares de La Puebla en forma de hornacinas con la Virgen de las Huertas; barandas; cancelas; rejas; camas; veletas; cuadros; porta-retratos; esculturas; espejos; mesas; maceteros; candelabros; lámparas; ¡qué sé yo!, y adornos de todo tipo. Cuando le encargaban cualquier trabajo, lo realizaba a su gusto, fiel siempre a su inspiración y forma de interpretarlo, y, desde luego, rechazaba cualquier imposición al respecto. En la plaza Virgen de las Huertas, encima de la fuente, luce una imagen de la Virgen, de casi un metro de altura, hecha de una lavadora vieja que es una verdadera obra de arte. En la iglesia también ha dejado su huella. Existen desperdigados por el pueblo, un caudal de trabajos, todos ellos con el inconfundible sello personal de este modesto y gran artista puebleño. He visitado la casa de Curro y aquello, más que una casa, parece un museo. Allí no se puede decir eso de “en casa del herrero azadón de palo”. Todo está lleno de detalles admirables y originales de su forja personal y acrisolada.

Ante estas cosas, uno piensa con desencanto que si, de vez en cuando, la televisión asomara a sus pantallas las vidas de estos personajes, artistas entrañables de vidas humildes y ejemplares, seguro que las audiencias recibirían un soplo de aire fresco, de humanidad y de fascinación.

La Puebla, mostrando una espontánea reacción de sensibilidad, puso en marcha una entusiasta recogida de firmas para que le fuese asignado su nombre a una calle del pueblo, y para que fuese distinguido, a titulo póstumo, “hijo predilecto” de La Puebla de los Infantes.

Creo que todos los puebleños de buena voluntad, celebramos que el nuevo equipo municipal haya recogido el testigo de estas masivas peticiones y las haya hecho realidad. Esto, en cierta manera, dignifica a las autoridades, al pueblo y a todos sus habitantes. Felicitémonos todos por ello.

Manuel Jiménez Márquez

“CURRO EL HERRERO” (Juan Prados Carrasco)

Francisco Atalaya Romero, se llamó.
Como “Currillo, El Herrero” es conocido.
Por todos sus paisanos muy querido,
por como era y, por la Obra que dejó.

En la fragua, que con arte dominó,
hacía mil cosas, con gusto distinguido.
Y a La Virgen, con hierro retorcido
y filigranas, de mil maneras creó.

Y es el caso que, al llegar, donde llegaba,
dijo un ángel a San Pedro, al que ayudaba:
-¿Cómo es, que a este, sin dudar, le abres las puertas?

-Porque, para no abrirle hay que estar loco.
“Curro”, se ganó el Cielo, poco a poco,
como Orfebre de La Virgen de las Huertas.

 

LE CONOCÍ YA TARDE (Tomás Illescas Ferrezuelo)

Le conocí ya tarde,
al final de sus días.
Pasaba por mi tienda
deteniéndose con fruición, largo rato,
en las cajas de óleos,
mirando los colores,
tocándolos, sintiéndolos,
empapándose de ellos:
verde vejiga, sombra tostada…
Se quedaba mirando los lienzos,
estudiando su forma y textura,
como si en ellos viera
la obra ya creada.

Polivalente artista desde niño,
supo hacer del oficio heredado
de la forja, no sólo su modo
de vida, sino un virtuosismo.
Puso su alma en cada uno
de esos cotidianos objetos
que de ella iban saliendo.
Pero no sólo eso. Su inquietud
le llevó a ir más allá,
a crear por crear con su yunque
esculturas y cuadros
que él intuía en la forma
de objetos muchas veces inservibles.

Artista primigenio, como aquellos
que en la bóveda de su cueva
supieron ver rebaños de bisontes
y darles vida con la materia
que tenían a mano: carbón, óxido, ocre.
El tuvo el hierro fundido
de forma y colores cambiantes:
bermellón, rojo blanco, amarillo…

En el declive de su vida
supo, con la pintura,
seguir alentando ese ansia
de crear que ésta fue.

Si un hombre, una mujer
cuando mueren son los recuerdos
que de ellos quedan en los vivos,
y la obran que han ido dejando
sobre esta tierra, entonces
tú eres grande, Francisco
Atalaya Romero, “Curro”,
“Currillo el herrero”.


Actuación de ROSARITO CARMONA que nos interpreta unas
colombianas y unos Fandangos, acompañada a la guitarra Enrique Sánchez


ELEGIA A “CURRILLO, EL HERRERO” (Juan Melo López)

¡Qué gratas e interesantes fueron siempre para mi las visitas a la casa de Curro!

Tanto su fragua-taller como las distintas estancias de su vivienda, mostraban por todas partes la originalidad del personaje que las habitaba.

Sus ingeniosas creaciones artísticas o artesanales decoraban y alegraban todas y cada una de sus estancias.

Este ha sido el aspecto habitual de esta casa durante muchos años. En ella se movía Currillo con su genialidad sorprendente y rodeado en su taller de un variopinto acervo de herramientas, utensilios y objetos de desecho usados.

Todos permanecían inertes esperando las habilidosas manos del artista que les diera bajo formas distintas vida nueva.

Pero ahora se conoce que ya no vive él, que ya no nos convoca con el acompasado y armonioso golpeteo de su martillo sobre el yunque a que a su interior pasemos.

Tampoco el carbón de la fragua arde y chisporrotea, avivado por el viento de los fuelles ni el calor de la llama pone incandescente los hierros.

Las oscurecidas paredes por el humo del tiempo no se iluminan por la fugaz llama del fuego, ni pulula en el ambiente el olor característico de la carbonilla ardiendo.

Ya nuestros húmedos ojos no pueden contemplar cómo se transforman a golpe de martillo los objetos viejos.

El monocorde golpeteo del martillo ha sido sustituido por el lastimero y lúgubre tañer de las campanas de la iglesia que nos llaman a su entierro.

¡Qué sola y silenciosa la fragua se queda y qué vacía y callada la casa!

¡Qué triste se quedan las herramientas y los materiales viejos, pues ya no está el artista que a la vida los traiga, ahí dentro!

Pero no todo está perdido y acabado; ni todo inmóvil ni muerto.

Tú, Curro, vives en tus familiares, amigos y en las obras que creaste, esparcidas por nuestras casas y por todo el pueblo. Y vives en este Acto que alegre contemplando estarás desde el cielo.

 

NON OMNIS MORIAR (Manuel Gutiérrez Nájera) Recita: Cristóbal Martínez

¡No moriré del todo, Puebla mía!
De mi ondulante espíritu disperso,
algo en la urna diáfana del verso,
piadosa guardará la poesía.

¡No moriré del todo! Cuando herido
caiga a los golpes del dolor humano,
ligera tú, del campo entenebrido
levantarás al moribundo hermano.

¡Tal vez para entonces por la boca inerme
que muda aspira la infinita calma,
oigas la voz de todo lo que duerme
con los ojos abiertos de mi alma!

Hondos recuerdos de fugaces días,
ternezas tristes que suspiran solas;
pálidas, enfermizas alegrías
sollozando al compás de las violas…

Todo lo que medroso oculta el hombre
se escapará vibrante, del poeta,
en áureo ritmo de oración secreta
que invoque en cada cláusula tu nombre.

Y acaso adviertas que de modo extraño
suenan mis versos en tu oído atento,
y en el cristal, que con mi soplo empaño,
mires aparecer mi pensamiento.

Al ver entonces lo que yo soñaba,
dirás de mi errabunda poesía:
era triste, vulgar lo que cantaba…
mas, ¡qué canción tan bella la que oía!

Y porque alzo en tu recuerdo notas
del coro universal, vívido y almo;
y porque brillan lágrimas ignotas
en el amargo cáliz de mi salmo;

porque existe la Santa Poesía
y en ella irradias tú, mientras disperso
átomo de mi ser esconda el verso,
¡no moriré del todo, Puebla mía!

 

FRAGUA DE SENTIMIENTOS (Miguel Castaño Mallén)

Suspirando por las calles del Pradillo
pasó el arte por tu puerta
y lo fundiste en tu alma profunda e inquieta,
creando magia con tu fragua,
tu yunque, tu martillo y tu corazón de poeta.

Forjador de ilusiones, herrero
del fuego y del alma,
creador de mágica mirada
y deslumbrantes sueños.

En tu yunque el hierro y el acero
se tornan estrellas y luceros.
Nacen de tus manos de herrero
el hacha para el olivarero
para cortar las ramas del madero,
el eje de la carreta del carretero,
el arado que se hunde en el terreno
para que la simiente sea granero.

Corazón de fragua, alma de poeta,
de Hefesto y Vulcano heredero,
artista del hierro de padre herrero,
que hiciste soñar al hierro y al acero
con lunas y mares,
con fandangos y soleares.

Forja de rojo carbón
donde el hierro maleas con ilusión
Herrero de arte y pasión,
forjador de sentimientos
que hiciste suspirar al hierro,
gemir al acero,
cimbrar al fuego,
mecer en tus manos de herrero
el corazón de los sueños
del hierro y el acero.

La plaza del Llanillo,
con tu arte, la hiciste hortelana
coronando sobre el agua
a la virgen de nuestro pueblo,
con racimos de naranjas
y a su hijo en el pecho.

Fragua, yunque, martillo
llamarada, fuego,
ya está Curro el Herrero
con su fragua en el cielo.

Siempre fuiste, Curro el Herrero,
hijo querido de este pueblo,
y desde este 28 de febrero
ya eres su hijo predilecto.


Antonio Medina no puede estar hoy aquí con nosotros pero ha querido enviar su particular homenaje a Curro. Nos ha mandado unas sevillanas compuestas e interpretadas por él mismo.

SEVILLANAS A CURRILLO

I

Últimamente en el cielo
hay angelitos de hierro
y la Virgen de las Huertas
los contempla sonriendo.
(Estribillo)
Pero qué arte tenía
que todo el mundo lo dice
pero qué arte Dios mío
con el hiero entre sus manos
nuestro querido “Currillo”.

II

Él convertía sus sueños
en hermosas realidades
regalos para la vista
que embellecían el aire.
(Estribillo)

III

La Puebla de los Infantes
también dedica un museo
hay obra por todas partes
que demuestran su talento.
(Estribillo)

IV

Porque te echamos de menos
tú puedes estar tranquilo
guardaremos tu recuerdo
con el paso de los siglos.
(Estribillo)


Vamos a ver un vídeo de Telepuebla. Telepuebla fue una experiencia educativa pionera en Andalucía. El trabajo que hicieron alumnos y alumnas de aquellos años, siguiendo la batuta de Joaquín Conde, nos ha dejado un montón de documentos magníficos de la vida de La Puebla. Hoy vamos a ver un vídeo realizado por Joaquín Conde con la colaboración de Rafael Velasco y su alumnado de 5º de E.G.B. en el que vemos el quehacer y el trabajo de Curro.

Seguidamente actuará el guitarrista MANUEL DE PALMA, interpretando Soleares y Bulerías


Señor Alcalde y Corporación Municipal, Familia de Curro, Vecinas y vecinos todos:

Hay momentos que se expresan por sí solos y este es uno de ellos.

Decididos tomamos el testigo, del camino ya iniciado por la anterior Corporación.

Como concejal instructor del expediente que nombra Hijo Predilecto a Curro, quiero dar las gracias a cuantas personas han colaborado para hacer posibles estos actos.

Gracias a la familia por su disposición a favorecer cuantas iniciativas les hemos propuesto.

Gracias a Rafi Canto, Enriqueta Saravia y Demetrio Serrano que han conformado conmigo, la Comisión Informativa Especial nombrada por el Alcalde. A Tomás Hernández que ha actuado como secretario. A las organizaciones locales que se han pronunciado favorables. Y a toda la Corporación por su apoyo unánime.

Gracias a las personas a las que les pedí su colaboración para organizar las actividades que al final han podido ser. A Juan Sosa y Juan Melo de los que partió la iniciativa y que han aportado sus ideas y su trabajo. A Francisco Carmona que lo conoció bien y lo recuerda muy de cerca. A sus sobrinas Paqui, María José y Macarena que junto con Miguel Rosal se han dedicado a organizar todo lo relativo a la exposición. A todas las personas que han prestado las obras que se exponen. A su cuñado Ángel y a su hermano Antonio que han hecho en la fragua, los rótulos que ya están dándole nombre al Museo.

Gracias a Juan Prados, Tomás Illescas, Carmen Sedano, Francisco Liñán, M. Jiménez Márquez, Miguel Castaño y Ángela Gutiérrez, que han participado en la Comisión y cada uno ha aportado su ayuda inestimable. A Concha Morente que lo ha hecho como responsable del Área de Cultura. A Joaquín Conde, que era para que hubierais oído la disposición y gratitud que me trasladó cuando lo llamé por teléfono, para pedirle su colaboración.

Gracias a mis amigos Manuel Vera “el quincalla”, Paco Cruz y la Niña de Bronce del grupo “Arriate”. Al Coro Parroquial que cada día abre más su repertorio. A la Asociación Cultural “Soñando Caminos” que nos está enseñando a sentir la poesía. A Elisa Gutiérrez, Eloísa Chamorro y Ernesto Rangel, que siempre están cuando se llaman. A Álvaro Segura Almenara, que no ha podido estar con nosotros por enfermedad de su abuelo y al que le deseo que siga por ese camino de la música que lleva dentro. A Rosarito Carmona que ha venido agradecida a cantar a su pueblo, acompañada a la guitarra por Enrique Sánchez. Y a Manuel de Palma que con su guitarra flamenca y maestra, ha querido sumarse a este homenaje.

Gracias a la Caixa que ha colaborado con el Ayuntamiento a sufragar los gastos que se han ocasionado.

Es imposible reflejar la parte de trabajo que cada miembro de esta Comisión ha dedicado, pero lo importante ha sido que entre todos hemos puesto el cariño y entusiasmo que Curro se merece de su pueblo.

Gracias a todas y gracias a todos.

Ahora paso a leer el dictamen aprobado.

El Pleno Municipal, en sesión extraordinaria celebrada el día diecisiete de enero de 2.008, adoptó por unanimidad el siguiente acuerdo, en base a la Resolución presentada por la Comisión y cuyo tenor literal dice como sigue:

D. Francisco Atalaya Romero, Curro o Currillo el Herrero, fue hijo de una familia artesana humilde. Hijo también de las circunstancias históricas que le tocaron vivir. Dotado de cualidades innatas para el arte se vio privado del impulso que todo artista necesita para desarrollar el potencial que lleva dentro.

Apenas pudo aprender a leer, y su escuela, su academia no fue otra que el trato diario con su entorno, su familia, sus vecinos, su pueblo. Un ambiente que artísticamente poco le podía aportar y que le exigió desde la más temprana edad dedicarse a otras tareas más prosaicas: el trabajo en la herrería de su padre. Y todo ello agravado con un problema de visión que fue dañando su vista con los años.

A pesar de ello supo buscar sus fuentes de inspiración. Supo buscar los referentes artísticos que llenasen las lagunas que sentía dentro. Supo formarse con los escasísimos medios de que siempre dispuso, y fue capaz de llenar el pueblo de obras entrañables.

Pero si artísticamente Curro merece nuestra admiración, humanamente fue sencillamente asombroso. Todos tenemos faltas pero las de Curro no se notaban. Trabajador constante, sin estridencias, sin alardes. Amigo agradable con su punto de humor, desertor de las conversaciones banales o interesadas, pero siempre dispuesto a escuchar. Estoico en su porte y en su vida, sencillo y honesto en la resolución final.

Todo el pueblo lo conoce y todo el pueblo le profesa un sincero aprecio, admiración y gratitud. Con eso basta. Necesitamos muchos así y no nos podemos permitir el lujo de que personas como Curro desaparezcan de nuestra memoria colectiva. Curro ha pasado ya a formar parte de nuestro acervo cultural y debe seguir siendo un referente de vida para nuestra juventud.

En base a lo expuesto, el Pleno, estimando que de la documentación que obra en el expediente se desprende que D. Francisco Atalaya Romero “Curro el Herrero” es acreedor de la distinción propuesta, acuerda por unanimidad:

Primero.- Conceder a D. Francisco Atalaya Romero el título de HIJO PREDILECTO DE LA VILLA, como reconocimiento de esta Corporación en nombre de sus vecinos, a los méritos reconocidos para ser acreedor de este galardón.

Segundo.- Poner su nombre al nuevo Museo Municipal de Artes y Costumbres Populares. Asimismo, colocar en la fachada de su casa natal, un rótulo de cerámica con el escudo municipal conmemorativo de dicho nombramiento.

Tercero.- Que el acto central de entrega tenga lugar el próximo día 28 de febrero, Día de Andalucía, en el Teatro Municipal de la localidad.

Cuarto.- Facultar al Sr. Alcalde para que disponga lo necesario para el cumplimiento del presente acuerdo.

Fdo.: EL ALCALDE D. Antonio Torres Molero.

Animaros a que visitéis su exposición en estos días en los horarios que están fijados. Ahora el Alcalde entregará a la Familia un pergamino como recuerdo de este nombramiento, así como un CD que nuestro paisano Antonio Medina ha grabado con unas Sevillanas dedicadas a Curro.

Solicito la presencia en el escenario de la familia de Curro y del Sr. Alcalde.

Buenas noches. Antes de hacer entrega de este pergamino a los familiares de Curro, voy a darle lectura:

“Por voluntad expresa del pueblo, el Ayuntamiento de La Puebla de los Infantes, en sesión plenaria celebrada el día diecisiete de enero de dos mil ocho, nombra a Don Francisco Atalaya Romero “Curro” Hijo Predilecto de la Villa, en reconocimiento de sus muchos méritos artísticos y humanos, y como constancia de dicho nombramiento hace entrega a su familia de este documento conmemorativo. En La Puebla de los Infantes, a veintiocho de febrero de dos mil ocho”

Quería darle las gracias a las Autoridades y a todo el pueblo por lo bien que se han portado. Estamos muy agradecidos.

Sobre mi tío Curro no voy a decir nada, ustedes lo habéis dicho todo. Sólo me gustaría destacar que su sencillez lo llevaba a disfrutar con lo más insignificante. Es por ello que estoy segura que hoy aparte de estar presente en nuestros corazones, él está camuflado entre nosotros disfrutando de este momento tan gratificante y emotivo a la vez. La familia nos sentimos orgullosa de recoger hoy el fruto de la semilla que mi tío sembró y cosechó en su vida, que no es ni más ni menos que el afecto y cariño que todos los presentes nos estáis transmitiendo, y desde aquí, en nombre de toda la familia, quiero dar las gracias a las personas de las que surgió esta idea, a la Corporación Municipal que inició este proceso, a la actual que tanto interés ha puesto en que este acto se llevara a cabo, a la Comisión Organizadora, a tantas y tantas personas que se han mostrado dispuestas a colaborar y ayudar en el montaje, en fin, a todo el pueblo.


Juan Sosa agradeció su participación a todos los colaboradores del homenaje.


Para cerrar el acto, el Coro Parroquial interpreta el HIMNO DE ANDALUCÍA

La bandera blanca y verde,
vuelve tras siglos de guerra.
A decir Paz y Esperanza,
bajo el sol de nuestra tierra.

¡Andaluces, levantáos!
¡Pedid tierra y libertad!
Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad.

Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos.
Hombres de luz que a los hombres,
Alma de hombres les dimos.

¡Andaluces, levantáos!
¡Pedid tierra y libertad!
Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad.


Película de todo el acto grabada por Juan Prados

Primera parte

 

Segunda parte