Nuestro primer viaje a Italia fue en 1988, en diciembre. No era la mejor época del año, pero todavía pasábamos los veranos en Sabinillas así que no quedaba otra. Fue una paliza de autobús con tiempo frío. Tiré varios carretes de color (para el álbum familiar), algunas diapositivas (para usarlas en mis clases) y tres rollos de Kodak Tri-X (que era lo que de verdad me gustaba 😉). Los carretes de color, a la hora de escanearlos años después, estaban llenos de hongos, las diapositivas las había revelado fatal, y solo estaba medio aceptable el blanco y negro. Pensé publicar solo estas últimas —algo así como un «Italia in nero»— pero al final monté las galerías combinando imágenes de los tres soportes, aunque fuera un batiburrillo.
Mónaco, 27 de diciembre
Salimos de Madrid en autobús el día de antes y después de muchísimos kilómetros —y una noche en la Costa Brava— llegamos a Niza. Nos alojamos en el Paseo de los Ingleses, en un discreto hotel turístico. Esa noche subimos a Montecarlo, todo lujo y refinamiento. Dimos un buen paseo parándonos en el Palacio de los Grimaldi, la Catedral —donde reposaba la Princesa Grace— y el Casino.
Milán y Verona, 28 de diciembre
El miércoles seguimos viaje hacia Milán, donde vimos la impresionante Catedral y los alrededores, Teatro de la Scala y Galería Vittorio Emanuele. Ya de noche llegamos a Verona —con parada en La Arena y en el supuesto balcón de Romeo y Julieta— y muy tarde nos alojamos en el Lido, a las afueras de Venecia.
Venecia, 29 de diciembre
Afortunadamente el día en Venecia fue estupendo para pasear; solo había niebla y un frío llevadero. La Plaza de San Marcos, preciosa, y la ruta en góndola, aunque demasiado turística, fue una experiencia inolvidable.
Padua y Florencia, 30 de diciembre
El viernes hicimos una parada en Padua para visitar a San Antonio en su basílica. Sin esperarlo me encontré en la plaza a un viejo amigo de cuando estudiaba magisterio: el condottiero Gattamelata de Donatello ❤️. En Florencia pudimos ver Santa María de las Flores, incluso subir a la cúpula de Brunelleschi, pasear frente al Palacio de la Señoría (que seguía albergando al ayuntamiento), subir a la Santa Cruz (enterramientos de Miguel Ángel, Galileo, Rossini, …) y entrar en la Galería de los Oficios. En los Uffizi me deslumbraron las obras de Giotto, Botticelli, Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Tiziano… Desde una de sus ventanas hice la foto del Puente Viejo sobre el Arno que cierra la galería.
Siena y Roma, 31 de diciembre
El último día del año nos encaminamos a la capital, haciendo una parada técnica en Siena. Solo vimos La Plaza del Campo y la Catedral y seguimos ruta.
En Roma era muy tarde y solo dimos una vuelta por la Plaza de España, Fuente de Trevi y Plaza Navona. Allí el fin de año lo celebraban cenando lentejas; nosotros nos tomamos un amaretto y a descansar.
Roma, 1 de enero
El domingo estuvimos pateando Roma. Vimos el Moisés de Miguel Ángel en San Pedro Encadenado, el Coliseo y el Arco de Constantino, la Plaza de San Pedro —el papa Wojtyla nos dio la bendición Urbi et Orbi—, los Museos Vaticanos, la Basílica de San Pedro y su cúpula…
Roma, 2 de enero
El lunes seguimos a nuestro aire por la Plaza Venecia y los Foros Imperiales. Entramos al Coliseo y seguimos por el Campidoglio, el Tíber, el Panteón de Agripa, el Castillo de Sant’Angelo y la Via della Conciliazione hasta San Pedro; era ya tarde pero el papa seguía trabajando en su habitación.
Pisa y vuelta a casa, 3 y 4 de enero
El martes iniciamos el regreso. Hicimos una larga parada en Pisa, disfrutando de la Plaza de los Milagros. Subimos a la torre y visitamos la catedral y el baptisterio. Las torres se construían separadas porque eran frecuentes los derrumbes; el baptisterio estaba fuera de la catedral porque en ella solo podían entrar los bautizados. Del regreso a casa en dos etapas, nada que destacar, salvo una parada técnica en Avignon, frente al Palacio de los Papas.










El siguiente «clásico con carrete»: Alemania y Suiza






































































































