Rusia

Viajamos a Rusia en julio de 2000, visitando las dos ciudades más importantes: San Petersburgo y Moscú. Fue un viaje relajado pero lleno de sensaciones y emociones. Volamos el lunes día 10 hasta Moscú; después de los trámites aduaneros, continuamos hasta San Petersburgo, donde llegamos de noche. Bueno, era «noche blanca«, un fenómeno exclusivo de estas latitudes septentrionales. Nos alojamos en el Hotel Pribaltiyskaya, a orillas del Báltico.

Martes, 11 de julio

Por la mañana fuimos a la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. En la catedral estaban enterrados todos los zares desde Pedro I el Grande hasta los últimos Romanov. Seguimos por los alrededores de la Catedral de San Isaac, una mole edificada sobre terreno pantanoso, el barroco Convento Smolny, el Museo Ruso… Después navegamos por el río Neva en esta «Venecia del Norte», descubriendo más edificios desde otro punto de vista. Terminamos la jornada en un espectáculo folclórico muy animado.

Miércoles, 12 de julio

El Hermitage, además de ser un palacio enorme  —150 m de largo—  alberga una colección formada por más de tres millones de piezas, antigüedades, cuadros y esculturas de la Europa Occidental, arte oriental, piezas arqueológicas, arte ruso, joyas y armas. Allí estaba el reloj parado a las 2:10 desde la noche del 25 al 26 de octubre de 1917, triunfo de la Revolución. Y también la mayor colección de pintura española del Siglo de Oro fuera de nuestras fronteras, que llegó al Hermitage en 1814, al final de la guerra de la Independencia. Hice fotos de los cuadros de El Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo y Goya, impresionistas, Picasso y Matisse.

Después fuimos a la Iglesia de San Salvador sobre la Sangre Derramada, construida en el lugar donde murió en atentado el zar Alejandro II. Acabamos la tarde paseando por la Perspectiva Nevsky; cuántas veces habría tarareado la canción de Battiato, y por fin me imaginaba en esa enorme avenida, con viento a treinta grados bajo cero, un encuentro por azar con Igor Stravinsky… Volvimos al hotel de noche  —¡a pleno sol!—  . La playa estaba bastante animada cuando nos fuimos a dormir como las gallinas 😕

Jueves, 13 de julio

Salimos de San Petersburgo hacia el sureste, al Palacio de Pavlovsk, construido para el zar Pablo I, hijo de Catalina la Grande. Cada vez que entrábamos o salíamos de la ciudad nos saludaba el Monumento a los Defensores Heroicos de Leningrado. Volvimos al centro a comer, en un restaurante uzbeco. Por la tarde fuimos de nuevo a San Salvador a hacer unas fotos de los frescos; estaba prohibido pero un chico me ayudó tosiendo 😛  También estuve de tiendas comprando una Lomo 6 x 6 usada. Y a las 11 de la «noche» salió nuestro tren nocturno a Moscú.

Viernes, 14 de julio

A primera hora llegamos a Moscú y fuimos al Hotel Intourist, un ladrillo en plena Plaza Roja, así que lo primero que vi y retraté fue la Catedral de San Basilio 😍 . Dimos una vuelta en bus por la inmensa ciudad, parando en el Convento Novodévichi, una maravilla Patrimonio de la Humanidad. Paseamos por el Parque de la Victoria hasta el Arco de Triunfo de la Plaza Tverskaya. Después comimos en un barco, navegando por el Moscova. Nos recibieron con el pan y la sal, tradición eslava. Pasamos delante de la Casa Blanca, del Hotel Ucrania (uno de los siete rascacielos estalinistas) y del Ministerio de Defensa ; mientras los moscovitas se refrescaban en el río.

Por la tarde fuimos a conocer el metro de Moscú, con estaciones lujosamente decoradas en el periodo soviético. Terminamos el día (que aquí sí que anochecía) paseando por la Plaza Roja y disfrutando de las vistas desde nuestra habitación.