Después de varios intentos, en abril de 2017 pudimos viajar a Uzbekistán. Siempre me había apasionado la Ruta de la Seda. Durante siglos, en Asia central se desarrollaron ciudades para el descanso y avituallamiento de aquellos mercaderes. En este viaje conocimos tres de ellas, que también eran Patrimonio de la Humanidad: Jiva, Bujará y la mítica Samarcanda. Nos acompañó Sadir Khalilov, un guía excepcional, gran profesional y buenísima persona. El viernes 7 de abril volamos de Madrid a Milán, y después de muchas horas, llegamos a Taskent, la capital de Uzbekistán.
Taskent, sábado 8 de abril
En Taskent visitamos el complejo Jast Imom y las madrasas de Kukaldosh y Abdulkasim, de los siglos XVI-XIX. A mediodía comimos el primer plov de la semana, un plato típico exquisito. Después fuimos al mercado principal de “Chorsu”, para buscarle un zurna a mi amigo Javier Márquez. Después visitamos el museo de artes aplicadas y a la caída de la tarde volamos a Urgench, para dormir en el Hotel Asia, ya en Jiva.
Jiva, domingo 9 de abril
En el centro de Jiva, Itchan Kala era una ciudadela impresionante y muy bien conservada. Recorrimos el conjunto Kuñya-Ark (s. II A.C.), Tash Javli (palacio de piedras), Kalta Minor, la mezquita Djumá con 212 columnas de madera (ss. XI -XVIII), la madrasa de Shergazi-khan, el mausoleo Sagrado Pakhlavon-Makhmud (ss. XII y XIII), la madrasa de Alloquli Khan, el conjunto de Islam Khodja… Era un día de bodas, de visitas escolares… Por la noche, cuando se marcharon los turistas, volvimos a la ciudadela iluminada.
Bujará, lunes 10 de abril
De Jiva a Bujará había unos 400 km, más de seis horas en coche por el desierto. De vez en cuando algún pastor, pero nada más. Paramos a desaguar —en medio de aquella nada— y yo me adentré en aquel arenal… De pronto se me acercó un hombre armado y me hizo señales de que me fuera para atrás. Sadir me dijo después que había hecho pis en la misma frontera de Turkmenistán 😯. Afortunadamente, todo quedó en unas risas😂. Comimos en un bar de carretera; las mesas eran algo incómodas pero tuvieron el detalle de ponernos una de las nuestras. Por la tarde llegamos a Bujará.
El hotel Asia estaba junto a la Mezquita Maghoki-Attari y cerca de la animada Plaza de la Liabi-Khauz, por la que dimos un largo paseo. Después tuvimos una cena espectacular en el patio del Old Bukhara.
Bujará, martes 11 de abril
Dedicamos el martes al Mausoleo de Ismail Samoní y al de Chasma Ayub. También visitamos un mercado, la Mezquita Bolo-Khauz, la antigua ciudadela Ark y al Complejo Poi Kalían. Después, comimos otra vez en el Old Bukhara y a la caída de la tarde volvimos allí para una cena espectáculo.
Bujará, miércoles 12 de abril
El último día en Bujará fuimos a ver la Madrasa Chor Minor (la de los cuatro minaretes), el Mausoleo de Bahovaddin Nakshbandila con el árbol de los deseos, el Museo Sitorai Mohi Hosa, y la Necrópolis de Chor Bakr. Después de comer entramos en un taller que tejían alfombras y por último visitamos la Madrasa de Ulugbek.
Shahrisabz, jueves 13 de abril
A 270 km estaba Shahrisabz, cinco horas de paisaje desértico solo animado por algunas cabras y dromedarios. Por fin llegamos a la ciudad natan de Amir Temur, el gran Tamerlán. Era impresionante lo que quedaba del Ak-Sarai (Palacio Blanco), las mezquitas de Kuk Gumbaz y Khazrati Khizr, el Conjunto Dorutt Tilovat… También vimos el Mausoleo de Djakhongir construido para el hijo mas apreciado de Temur. Comimos en el Kish-mish y seguimos camino a Samarcanda, unos cien kilómetros que hicimos en dos horas. Allí nos alojamos en el Emir Han, hotel con una peculiar decoración. Aquella noche tuvimos una cena animada con músicas y danzas locales.
Samarcanda, viernes 14 de abril
«Es tal la riqueza y la abundancia de esta gran capital que contemplarlas es una maravilla¨. Así describió Samarcanda Ruy González de Clavijo, enviado de Enrique III de Castilla —a principios del s. XV— para rendir visita a Tamerlán, el guerrero que había fundado el mayor imperio de Asia.
Nosotros empezamos el viernes visitando la Plaza Registán, sin duda una de las más hermosas del mundo, con las madrasas de Ulugbek, Sher–Dor y Tillaqori, la Mezquita Bibi Khanum, y el Mercado Siyob. Comimos en el Karimbek, un restaurante de culto. Por la tarde nos acercamos al Mausoleo de Amir Temur (junto a la calle Rui Gonsales de Klavixo) y volvimos a la Plaza Registán para ver el ocaso, que por lo nublado no fue nada brillante.
Lo mejor del viaje a Uzbekistán fue volver de noche a la Plaza Registán. Había cargado con el trípode solo para ese momento. Se preparaba un espectáculo de luz y sonido al que asistiría el presidente, pero después de varias horas de titubeos se suspendió. Eso sí, vimos toda la prueba de las luces y pude hacer cientos de fotos.
Samarcanda, sábado 15 de abril
El sábado, último día en Uzbekistán, después de dejar el hotel fuimos al Observatorio de Ulugbek (s. XV) y al Museo de Afrosiyob. Terminamos las visitas en la Necrópolis Shohi Zinda (ss. XI-XVII), una infinidad de mausoleos ricamente decorados. Había muchos visitantes —incluso un grupo de cordobeses que ya habíamos visto en Bujará— y la visita fue rápida. También hice algunas fotos en el cementerio moderno que había en el recinto.
Comimos de lujo en el Platan y después nos fuimos para la estación. El Talgo a Taskent salió sobre las 17:00 y llegó en dos horas. Hice el viaje empachado entre el plov y los dulzajos que nos dieron a bordo🤭.





El siguiente viaje: Madagascar












































































































































































































































































































































