Belchite

Estuvimos en Belchite en marzo de 2018. Pasábamos la Semana Santa entre Teruel, Albarracín y el Bajo Aragón, haciendo un reportaje sobre la Ruta del tambor y el bombo. Habíamos alquilado un piso en La Puebla de Híjar, y Belchite estaba solo a 40 km. Reservé las entradas desde el móvil y una mañana nos acercamos a la oficina de turismo del Nuevo Belchite a recogerlas. Entonces fuimos al punto de encuentro, donde se iba concentrando el grupo de turistas (unas 15 o 20 personas). Dado el estado de ruina, las visitas eran siempre grupales y guiadas.

Desde el exterior, las vistas del pueblo destruido y abandonado eran espeluznantes. Cuando entramos en aquel túnel del tiempo, estábamos inmersos en uno de los episodios más violentos de la Guerra Civil. Quedaban señas de haber sido un pueblo próspero, y también la desoladora huella del bombardeo y la destrucción. Después del Arco de la Villa, recorrimos toda la Calle Mayor. Subimos a una pequeña almazara usada como fosa común durante el asedio. Después, pasamos por lo que quedaba de la Plaza Nueva, apenas restos de la fuente. Y más adelante, las ruinas de la Torre del Reloj, que perteneció a la antigua Iglesia de San Juan.

Vimos la Iglesia de San Martín de Tours, una de las tres parroquias con las que contaba la villa. En su puerta, parte de una jota escrita a mano por poeta belchitano Natalio Baquero, que nació en el 37 en pleno bombardeo:

«Pueblo Viejo de Belchite,

ya no te rondan zagales,

ya no se oirán las jotas

que cantaban nuestros padres.

NB»

Seguimos el desolador recorrido. Pasamos ante el Convento de San Rafael y terminamos en la iglesia de San Agustín, la más fotogénica. En una de sus torres aún queda un obús sin explosionar.

 

El Pueblo Viejo de Belchite