Cáceres

La primera vez que pasamos por Cáceres fue en el puente del Pilar de 1989, en la ruta a Castilla y León. Fue una corta parada técnica, en la que solo tiré media docena de diapositivas. En esta nueva visita, a finales de julio de 2022, invitados a una jura de bandera, estuvimos algunas horas más en la ciudad antigua de Cáceres, Patrimonio de la Humanidad.

Empezamos el recorrido a mediodía, desde la Cruz de los Caídos, por el Paseo de Cánovas, hasta la Iglesia de San Juan. Desde allí bajamos a la Plaza Mayor, para comer.

Por la tarde, después de la siesta reglamentaria, volví a recorrer el mismo paseo, esta vez bajo la frondosa arboleda; me detuve un rato junto a la estatua de Gabriel y Galán, uno de mis poetas favoritos desde que era un chaval, y más adelante me topé con un museo impresionante.

Museo Helga de Alvear

No tenía reserva, pero había poco público y me permitieron entrar. La colección de esta galerista alemana —que estuvo casada con un arquitecto cordobés— era tan impactante como el edificio que la albergaba. Estructurado en cuatro niveles, solo me dejé llevar…

Después de este cañonazo de arte moderno, estaba de nuevo en la ciudad antigua. Muy cerca estaba el Museo de Cáceres, al que hice una corta visita. Tenía buen material, pero la museografía no me pareció atractiva.

El centro histórico de Cáceres me tenía hechizado… aunque no lo recorrí en su totalidad, sí que lo fui disfrutando a cada paso. Era un enorme decorado en el que me encontré cerrados muchos edificios. Pude entrar en la Iglesia de San Francisco Javier, muy sencilla, que permitía la subida a sus torres. Más tarde, ya con Pilar, dimos una vuelta por los adarves, encontrando una interesante exposición fotográfica de la visita del rey Alfonso XIII a Las Hurdes. Acabamos en la Plaza de Santa María; allí la concatedral estuvo toda la tarde cerrada a los turistas, así que nos hicimos una foto para Instagram y nos recogimos temprano, ya que había que madrugar el día siguiente.