Cuba

A finales de junio de 1999 viajamos a Cuba. De aquel viaje me quedan recuerdos agridulces  —mucho de lo que vimos no me sedujo—  incluso algunos detalles me partieron el alma 😥

Lunes, 28 de junio

Volamos con Air Europa; al llegar llovía —todas las tardes llueve un poco en el trópico— y nos trasladamos al Meliá Cohiba, una mole entre Vedado y Miramar.

 

Martes, 29 de junio

El primer día dimos una vuelta por la Plaza de la Revolución, con la silueta del Che y el monumento a José Martí (el punto más alto de La Habana). Después caminamos hasta Santa Catalina para ver la factoría artesanal de Ron Legendario; allí con gran parsimonia, media docena de operarias ponían uno a uno los precintos a las botellas. Seguimos la ruta por Centro Habana, el Capitolio, Plaza Vieja, Farmacia Taquechel, La Catedral… Tomamos un refrescante guarapo de caña, disfrutando del son cubano y luego comimos en un paladar. Por la tarde estuvimos en el Castillo de la Real Fuerza con su “Giraldilla” y regresamos bastante cansados al hotel, antes de que cayera el chaparrón. Había quedado con Amparo, maestra de unos niños con los que mi clase mantenía correspondencia, para entregarle unos paquetes de material; tardó porque la policía no la dejaba acercarse al hotel tomándola por una jinetera.

 

Miércoles, 30 de junio

Desayunamos con prensa y un cuarteto de violines interpretando el Chan Chan de Compay Segundo ❤️. Salimos a la calle temprano y a la altura del Hotel Nacional unos chicos se ofrecieron para enseñarnos su barrio; después de ver unas calles coloristas y un mercado cutre los despedimos con una propina. Seguimos hasta el Parque Central y el Paseo del Prado, donde aluciné con los carros de antes de la Revolución. Comimos en La Bodeguita del Medio, buena comida criolla, aunque el local estaba muy pintarrajeado.

Por la tarde volvíamos al hotel paseando por el Malecón habanero.  Una chica caminaba por el pretil en un contraluz perfecto; solo pude hacer una foto. En segundos comenzó el diluvio. Un joven nos rescató en un triciclo y nos llevó hasta cerca del hotel mientras caían chuzos de punta. Antes de llegar escampó y la policía detuvo el carrillo; el muchacho no tenía licencia y le echaron una bronca; nosotros seguimos unos metros caminando hasta el Cohiba.

 

Miércoles, 1 de julio

Fue nuestro último día en La Habana. Temprano fuimos a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, escenario de las atrocidades de Batista y posteriormente del Che. Las vistas del malecón eran espectaculares. Por la tarde un autobús nos llevó a Varadero; por el camino muchos carteles, algún pozo de petróleo, una termoeléctrica, la travesía de Matanzas y por fin, la playa.

 

Varadero, 2 y 3 de julio

Cuando planteamos el viaje a Cuba no había oferta de circuitos, solo estancias, pero sí nos ofrecieron excursiones. Reservamos la visita a Trinidad. Pero nadie se presentó a por nosotros, ni nos avisaron. Fueron días de descanso en playa y piscina. Varadero tenía poco que ver, el Parque Josone, unas cuantas casas, una capilla, alguna tienda mal abastecida… Y cada tarde el nubarrón que llegaba y descargaba.

 

Varadero, 4 y 5 de julio

Al final conseguimos una excursión por el sur, en la que visitamos un criadero de cocodrilos en la Laguna del Tesoro. Allí gastamos nuestras reservas de Relec. También nos dimos un baño en Bahía Cochinos, en un Caribe caliente como plato de sopa. Al día siguiente volamos de vuelta a España.

 

El siguiente viaje: Rusia