Patios de Córdoba en 2013

Patios de Córdoba en 2013 es mi última página  —por ahora—  sobre esta fiesta que fue declarada en 2012 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Aquel año hice muchas fotos; tenía un angular ojo de pez que me permitía panorámicas que antes no había conseguido. Por contra, esta lente solo me daba juego cuando los patios estaban vacíos, algo bastante difícil en estas fechas. Pero el clima se alió conmigo y me regaló días frescos y lluviosos, casi sin gente, en los que pude disparar a placer. El resultado, dos mil fotos de las que he seleccionado 350 para las galerías que siguen, cronológicamente según los recorridos que hice.

El patio cordobés es fruto de una conjunción casi imposible. Casas solariegas, de alcurnias venidas a menos, que alquilan y realquilan sus habitaciones a gente humilde. Convivencia que se vuelve familiar en los espacios comunes. Una climatología que invita al patio, al resolano en el corto invierno y al fresco el resto del año. Así nace la casa de vecinos, que por siglos es nuestro modus vivendi. Casa que se adorna a bajo coste con plantas y macetas hasta la exageración. Luego vendrían los viajeros románticos a descubrirlos y difundirlos, y un alcalde que se inventó en 1921 el Concurso de Patios, Balcones y Escaparates. Y así hasta nuestros días. A continuación, los recorridos que hice y las fotos que tomé.

 

Mis fotos de los patios de Córdoba en 2013

 

 

Miércoles, 8 de mayo

Fue el primer día que abrieron los patios al público. Solo di una vuelta con mi sobrino Alejandro por la Judería. Entramos en Judíos, 6, con su original fuente; en Céspedes,10, patio con más de cien años de antigüedad; y por último en Martínez Rücker, 1, antiguo patio de la casa en la que en 1608 murió el polifacético Pablo de Céspedes.

 

Jueves, 9 de mayo

Hice una escapada corta a la zona de Santiago. Empecé por la calle Tinte, 9, para mi gusto, uno de los patios imprescindibles de Córdoba. Seguí hasta Barrionuevo, 22, una casa original, con un patio muy funcional; mientras estaba allí, llegó el jurado del concurso, y aproveché para hacerle una foto a mi admirado José Manuel Ballesteros.  Por último recalé en la Casa de las Campanas, Siete Revueltas, 1; aunque estaba fuera de concurso, era un patio muy atractivo en el que era fácil fotografiar.

 

Viernes, 10 de mayo

Eché toda la tarde en la zona de san Lorenzo-San Agustín. Empecé en el patio de Trueque, 4, otro fuera de concurso irresistible. Seguí hasta Alvar Rodríguez, 11, con su suelo de chino cordobés y su pozo con San Rafael. Después visité otro patio insignia fuera de concurso, el de San Juan de Palomares, 11, abierto a la calle, con su enorme palmera y su decoración añil. Al lado tenía el patio de San Juan de Palomares, 8, pequeño y acogedor. En Guzmanas, 4, Manuela disfrutaba explicando al público detalles de sus plantas y los cuidados que les daba. Y en Guzmanas, 2, se respiraba pura tranquilidad. Terminé mi ruta entre Juan Tocino, 3, con su refrescante jardín y Pastora, 2, que iba mejorando su solera año a año.

 

Martes, 14 de mayo

Después de un fin de semana de descanso, retomé el reportaje el martes, empezando por Santa Marina, en Chaparro, 9, una de las entradas de la añorada casa de paso de La Lagunilla. Muy cerca, Chaparro, 3, construcción moderna que mantenía las tradiciones de las casas de vecinos. Siguió otra vuelta de tuerca al clásico patio de Marroquíes, 6, con sus rincones inigualables. Después, Tafures, 2, recogido y encantador con las últimas luces de la tarde y Zarco, 15, que aunaba riqueza floral y objetos de otro tiempo. Ya en el área de San Agustín, entré en Parras, 5, 8 y 6, con su cuidada ornamentación y y variedad floral. Terminé el día en Manchado, 6, patio moderno pero respetuoso con las tradiciones, que se presentaba por primera vez al concurso.

 

Jueves, 16 de mayo

Salí un rato a última hora de la tarde, a la zona de San Pedro. Entré por primera vez en Don Rodrigo, 7, con un patio amplio presidido por un limonero centenario. Después fui a Carlos Rubio, 5, otro interesante patio que nunca había visitado. Seguí hasta Maese Luis, 22, una casa taller con varios siglos de historia y un patio decorado con mucho gusto. Terminé la jornada en Maese Luis, 9, otro patio bosque, presidido por San Rafael y con una preciosa fuente octogonal.

 

Viernes, 17 de mayo

Como estaba la tarde lluviosa, estuve por el Alcázar Viejo, a cinco minutos a pie de mi casa, por si empeoraba. Empecé en Postrera, 28, una casa del s. XVI que conservaba en gran medida su aspecto original. El patio era encantador y estaba solo, aunque a ratos llovía. Seguí por el barrio, disfrutando rejas y ventanas, hasta San Basilio, 50, un patio emblemático, sede de la Asociación de Amigos de los Patios. Volví a entrar en San Basilio, 22; por primera vez podía fotografiar sin gente el suelo de chinos con los escudos heráldicos. Pasé a la casa de al lado, San Basilio, 20, patio moderno pero provisto de piezas de valor histórico y arqueológico. Más tarde estuve en San Basilio, 17, una casa con patio del s. XVIII, cuidadosamente rehabilitada. San Basilio, 15 era una antigua taberna, el único patio de planta pentagonal, adornado con restos arqueológicos y muy luminoso pos su solería de mármol y paredes encaladas. Muy cerca, Martín de Roa, 9, era una antigua casa de vecinos que mantenía su estructura primitiva. Por último entré en San Basilio, 14, un patio precioso y muy premiado. Seguía lloviendo a ratos cuando me marché a casa, pero estaba contento con las imágenes que había logrado capturar.

 

Sábado, 18 de mayo

No tenía colegio y me fui temprano hacia San Agustín. Antes de las once ya estaba abierto el patio de Custodio, 5, y Rafael (creo que así se llamaba) se esmeraba limpiando sus especiales macetas, reutilizando conchas y cualquier tiesto. En Pozanco, 21, atravesado el pasillo de entrada, y como era temprano, todo estaba tranquilo. Igual que Pozanco, 6, donde hice fotos en total soledad. Entré en Diego Méndez, 11, que concursaba este año por primera vez. Me sorprendió la buena actuación de VIMCORSA en la rehabilitación, y de los nueve vecinos en su cuidada decoración. Empezaba a llover cuando salí para Duque de la Victoria, 3, un patio con solera que concursaba desde 1933. Volví a Isabel II, 1, cuyo ambiente me encantaba, además del capitel de avispero de una de sus columnas. Terminando ya mi ronda, entré en Isabel II, 25, patio que desconocía y que contaba con una original adorno vegetal así como con varios restos arqueológicos. Tampoco había estado en Alfonso XII, 21, donde destacaba el suelo hidráulico antiguo. Antes de marcharme a casa entré en La Palma, 3, un patio que fue señorial y hoy conserva la esencia de aquel tiempo.

 

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