Túnez

Viajamos a Túnez en marzo de 2002, en las vacaciones de Semana Santa. Era un destino interesante, sin masificar y por entonces relativamente tranquilo. Estuvimos tres días en Susa a nuestro aire y otros tres recorriendo el interior del país. Volamos con Tunisair el viernes 22 y fuimos directamente a la costa, al Hotel Riadh Palms.

Susa

El sábado 23 amaneció un día precioso y lo dedicamos a pasear por la playa. Por la tarde fuimos al zoco de Susa; allí alquilamos un coche para el domingo.

Túnez, Sidi Bou Said y Cartago

El domingo 24 visitamos el Museo Nacional del Bardo. Fundado en el s. XIX en un palacio, residencia de sultanes, estaba sin restaurar ni adecuar a los criterios museísticos actuales. Sin embargo la enorme calidad y cantidad de sus piezas  —entre las que destacaba la colección de mosaicos romanos—  le convertían en un museo imprescindible. Lo recorrimos tranquilamente. Había pocas visitas y los vigilantes se esforzaban en mostrarnos los mejores ángulos para las fotos o dejándonos pasar a zonas restringidas, esperando una propina. Tiré fotografías y diapositivas; aunque ya tenía una cámara digital, todavía usaba carretes.

Después fuimos a Sidi Bou Said, un pueblo azul encantador. Allí comimos y tomamos un típico té con piñones. Más tarde nos acercamos a las ruinas de Cartago; estuvimos en las Termas de Antonino, Patrimonio de la Humanidad, impresionantes a pesar de su enorme deterioro. La entrada nos permitía más visitas, pero cerraban pronto. Terminamos en Túnez, la capital, donde paramos a hacer una foto a la Torre del Reloj de la Avenida Bourguiba.

Susa y Monastir

El lunes 25 paseamos por el puerto pesquero de Susa. A mediodía cogimos un cercanías hacia Monastir, una pequeña ciudad con bastantes atractivos: el Mausoleo de Habib Bourguiba, la Gran Mezquita y el Cementerio Sidi el-Mézeri. Por la tarde volvimos a Susa, compramos algunas cerámicas en el zoco y nos despedimos de la playa.

El Jem, Matmata y Douz

El martes 26 empezamos el circuito por el interior de Túnez. Fue en un autobús compartido con otras 10 ó 12 personas. La primera parada fue el El Jem para visitar su anfiteatro, el tercero más grande del Imperio Romano, con capacidad para 35.000 espectadores. Por la tarde continuamos hasta Matmata, donde todavía quedaban algunas viviendas trogloditas. Aquella noche la pasamos en Douz, en el Hotel Touareg, un verdadero oasis.

Tozeur y Tamerza

El miércoles 27 rodeamos Chott el Jerid, un enorme lago salado que en marzo estaba prácticamente seco, y llegamos a Tozeur, la capital del Jerid, el país de las palmeras. Tozeur era otro mundo en medio del desierto. Impresionantes sus calles y pasajes, distinto el modo de vestir, llamativa su artesanía… Fuimos al Museo Dar Cherait, pintoresca amalgama de artes y costumbres populares. Después nos alojamos en el Hotel Basma, muy bien integrado en el entorno.

Por la tarde fuimos a Tamerza, un enorme oasis de montaña junto a la ciudad del mismo nombre, destruida en 1969 por unas inundaciones. Después nos adentramos en un desierto de película. Aquí en el “cuello de camello” se rodaron escenas de El paciente inglés,  y todavía estaba intacto el poblado en el que vivía esclavizado Anakin Skywalker en La Guerra de las Galaxias. También liberamos adrenalina cuando nos tiraron en un 4×4 por varias dunas. Y por último tuvimos la experiencia inolvidable de la puesta de sol en el desierto. Lamentablemente me quedaron por ver los trenes de Tozeur a los que cantaba Battiato.

Cairuán

El jueves 28 recorrimos los 300 kilómetros que separaban Tozeur de Cairuán, cuarta ciudad santa del Islam. Además de las cisternas agablíes, visitamos la Gran Mezquita y el Mausoleo-Mezquita del Barbero (del Profeta). Por la tarde se puso a llover. Paseamos por los zocos viendo los puestos de dulces y comidas; cuando arreciaba la lluvia entrábamos en tiendas o talleres de artesanía. Al caer la tarde el bus nos llevó de vuelta a Susa, en esta ocasión al Sousse Palace, donde pasamos la última noche del viaje.

Au revoir, Túnez, الى اللقاء

La mañana del viernes 29 dimos una vuelta por Susa y entramos en el destartalado Museo Arqueológico. Aunque sus instalaciones y mantenimiento dejaban mucho que desear, sus fondos eran casi tan espectaculares como los de El Bardo.

Finalmente, aquella tarde nos llevaron al aeropuerto donde tomamos el vuelo de regreso a Madrid.

El siguiente «clásico con carrete»: Grecia

Página actualizada en abril de 2026

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