Nueva York

Nueva York fue nuestro primer viaje transoceánico y también el primer vuelo. Eran las navidades de 1986, el centenario de la Estatua de la Libertad —que ya era Patrimonio de la Humanidad— y tenía muchas ganas de ir a aquella ciudad que tan bien conocía por películas y series. Por entonces trabajábamos todos los veranos en la Colonia de Sabinillas, así que solo nos quedaban esas vacaciones de diciembre para dar el salto. Por cierto, para conseguir el visado tuve que enviar una carta del párroco de Benaoján, en la que declaraba que yo era buena persona y que después del viaje, volvería a mi lugar de trabajo 😯.

Esperaba mejorar mi técnica fotográfica, así que llevé la Minolta XG-1 con su 50mm, el Osawa 80-205 y un 35mm que compré en Gibraltar para la ocasión. Llevaba también cuatro carretes de 24, de 400 ASA, y un rollo de Kodak Tri-X. A la vuelta del viaje, cayó en mis manos un cómic en el que una pareja contaba su aventura en la ciudad de los rascacielos, y todo eran coincidencias con la nuestra. Así que hice unas fotocopias y fui intercalando las viñetas en el álbum, entre las fotos y otros recuerdos… Eso mismo es lo que he hecho, en esta actualización de la página.

Volando a Nueva York, 26 de diciembre

El día de Navidad hicimos noche en Torremolinos. El viernes muy temprano volamos de Málaga a Madrid, y a las 13:40 despegamos para Nueva York. El vuelo —en un Jumbo 747 de Iberia— se me hizo eterno; las nueve horas estuve con un dolor de cabeza como nunca antes había tenido. Llegamos a las 16:30 de allí, y pasamos un larguísimo control de inmigración. Después, en la aduana, un funcionario, de color y enorme como un ropero, se quedó con los flamenquines y unas naranjas que llevaba en la maleta 😢. Finalmente un conductor nos sacó del aeropuerto JFK y nos llevó al Doral Inn, en el centro de Manhattan, donde nos quedamos una semana.

27 de diciembre, rascacielos

Estar alojados en el Doral nos permitió descubrir la ciudad paseando, con un frío llevadero. El sábado tuvimos una visita panorámica corta; nos llevaron a Battery Park para ver la desembocadura del Hudson, después a China Town y al SoHo, y finalmente nos dejaron en Park Avenue, cerca del edificio de la PANAM. Por la tarde subimos al Empire State, y alucinamos con las vistas. Allí tiré las primeras fotos con la Tri-X.

Más tarde fuimos a Macy’s, la tienda más grande del mundo durante décadas. Nos perdimos dentro y no dábamos con la salida. Por último, camino del hotel nos paramos en el Rockefeller Center con sus impresionantes edificios y la pista de patinaje a rebosar.

28 de diciembre, museos

Seguimos pateando la ciudad, mirando siempre para arriba: la Catedral de San Patricio, el Citicorp Center, la Torre Trump, la de la AT&T… Después nos dedicamos a los museos, casi todos con entrada libre aunque había que dejar una contribución a cambio de una chapita. Entramos en el Metropolitano de Arte, en el Guggenheim y finalmente en el de Historia Natural. Luego paseamos por Central Park y Broadway, entrando en algunas tiendas impresionantes.

29 de diciembre, Bajo Manhattan

Amaneció un día precioso para caminar… y creo que anduvimos más de 20 km. Empezamos cruzando el Puente de Brooklyn (por la pasarela peatonal) y seguimos visitando la bolsa en cuyo interior no estaba permitido hacer fotos. Sin duda, la mejor atracción de Nueva York, y la más barata, fue el ferry a la Estatua de la Libertad. Una excursión muy relajada con una sucesión de vistas increíbles. La estatua acababa de celebrar su centenario y estaba recién pintada. No subimos hasta la corona porque había que hacer una cola de más de dos horas.

En el trayecto de vuelta terminé el carrete de TriX que después se reticuló al revelarlo muy caliente, pero dejó unas imágenes que siempre me han encantado. La panorámica del final tiene su historia. En el barquito hice tres fotos del skyline con la idea de revelarlas unidas, algo que ya había probado en el laboratorio. Pero eran tres negativos y no me salió bien, así que desistí. Casualmente durante la pandemia, el presidente de AFOCO me pidió una foto para la exposición «Diálogos» y me acordé de aquel carrete. Monté los fotogramas —esta vez con Photoshop— y esa fue la foto que expuse que después pasó a la fototeca del Ayuntamiento de Córdoba. Por cierto, en Casares me hicieron un dibond espectacular.

Después subimos a las Torres Gemelas y tuvimos la sensación del enorme vacío en los pisos superiores y la leve oscilación a causa del viento. A través de los cristales y apoyándome en las barandillas, pude hacer algunas fotos.

30 de diciembre, ONU y MOMA

Aquella mañana nos acercamos al edificio de las Naciones Unidas y después volvimos al Rockefeller. Dedicamos la tarde entera al Museo de Arte Moderno, una gozada.

31 de diciembre y 1 de enero

El día 31 nos quedamos por los alrededores del hotel. Pasear por Nueva York era un espectáculo, pero conforme avanzaba el día, el ambiente se iba enrareciendo. Nos habían dicho que no fuésemos a Times Square, de hecho aquella noche murió allí un turista francés, víctima de un robo con violencia. Así que después de un sustillo que nos dio un chaval —más grande se lo di yo con el vozarrón que le pegué— nos recogimos.

El día de Año Nuevo pedimos un taxi —el único transporte público que usamos en toda la semana— para ir a ver una exposición que me interesaba. Cruzar Harlem y después el Bronx fue desolador; muchos coches habían ardido y todavía humeaban… Y para colmo todo estaba cerrado, así que volvimos a nuestro barrio. A lo largo del día fueron abriendo tiendas de chinos, de ropa y bazares; del glamur de la quinta avenida iba quedando ya poco. Compramos algunos regalos y volvimos al hotel para preparar las maletas.

2 y 3 de enero, la vuelta a casa

El regreso fue igual de pesado. Una comida cada dos horas y una noche desaparecida con el cambio de horario. Valió la pena, a pesar de todo lo que nos quedó por ver. Como cantaba Sinatra: «Estos zapatos vagabundos anhelaban vagar justo en el corazón de Nueva York, Nueva York».

El siguiente «clásico con carrete»: Italia

Página actualizada en febrero de 2026

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